
INTROMISIÓN DIPLOMÁTICA
“Las personas con privilegios e inmunidades deben respetar las leyes locales y tienen la obligación específica de no inmiscuirse en los asuntos internos del Estado receptor”
Art 41, inc. 1 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas
***El discurso del embajador estadounidense, Peter Lamelas, en la reunión de la AmCham, y la extorsión de un funcionario de la embajada contra los directivos de la cooperativa neuquina de luz (CALF), indica una inadmisible intromisión extranjera en los asuntos de nuestro país. El problema no es la relación con Estados Unidos ni la apertura al mundo, sino la posibilidad que una alianza estratégica derive en tutela política. Cooperar no significa obedecer.
El embajador estadounidense Peter Lamelas habló la semana pasada en el Summit de AmCham (organización corporativa que promueve el comercio y la inversión entre Estados Unidos y los países donde opera) y volvió a encender la disputa diplomática.
Cabe recordar que, en julio del año pasado, Lamelas fue duramente cuestionado en nuestro país por el informe que presentó ante el Senado norteamericano, en el que abordó aspectos de la política, la justicia y la situación de las provincias argentinas con un alcance incompatible con la prudencia diplomática exigible.
Esa actitud de sesgo tutelar generó una fuerte reacción en nuestro país, por constituir, indiscutiblemente, una posible violación de la Convención de Viena en materia de no intervención diplomática en asuntos internos de terceros Estados.
En busca de un parangón histórico, la escena remitió a una lógica colonial: un funcionario externo rindiendo cuentas ante su propio poder político sobre asuntos internos de otro país.
En ese entonces, el embajador buscaba alinearse con la orientación política de Donald Trump, mostrando que su futura gestión excedería el plano estrictamente diplomático y asumiría una forma de supervisión política sobre el gobierno de Javier Milei.
El discurso del embajador estuvo dirigido a resaltar las cualidades de las empresas norteamericanas para intervenir en Vaca Muerta y, al mismo tiempo, a cuestionar a la china Huawei, a la que acusó de estar vinculada al ejército chino y de operar como un instrumento de espionaje del país asiático.
Tanto la embajada china como la propia Huawei, que señaló operar en la Argentina desde 2001 como empresa privada, rechazaron en enérgicos comunicados las palabras de Lamelas y lo acusaron de intentar trasladar al país la disputa comercial entre ambas potencias.
“Una cosa es la relación de cooperación entre dos países soberanos, y otra muy distinta es admitir que uno de ellos pueda ejercer una tutela política sobre el otro. Esto último parece suponer Peter Lamelas”
La Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada (CALF), la mayor distribuidora eléctrica de la Patagonia, quedó en el centro de la disputa, en medio de una negociación con la empresa china para levantar un data center en la cuenca.
Trascendieron mensajes de WhatsApp en los que un funcionario de la embajada estadounidense habría pedido a un gerente de la cooperativa suspender esa negociación y advertido sobre eventuales restricciones para los directivos que avanzaran con tecnología china. En idioma vulgar, un apriete.
CALF calificó el episodio como una presión indebida y elevó el reclamo a la Cancillería.
La cuestión legal se encuentra clara. Tanto el discurso del embajador como la amenaza del funcionario de la delegación estadounidense constituyen una “intromisión” indebida, expresamente prohibida por la Convención de Viena.
Pero el asunto excede el plano normativo. La presión denunciada revela una concepción preocupante de la administración norteamericana respecto de la autonomía decisoria de nuestro país.
Ya no se trata únicamente de la actitud de Trump como supuesto garante político del gobierno de Javier Milei. También sus funcionarios, en este caso el embajador y su equipo, parecen actuar con un indebido sentido de autoridad frente a la Argentina.
Por ello, el problema no reside sólo en discursos o presiones sobre decisiones argentinas, sino en la naturalidad con que se ejercen, como si existiera una habilitación política para intervenir en asuntos que corresponden exclusivamente al Estado nacional.
“La Argentina necesita inversiones, tecnología y relaciones estratégicas con el mundo. Lo que no necesita es la tutela política de un país extranjero”
Tal vez sea obvio, pero conviene aclarar: no se trata de tal o cual país, de tal o cual ideología, de tal o cual mandatario. Se trata, simplemente, de la mínima autonomía que debemos tener como país, nunca sujeto a dictados de ningún poder externo.
Es cierto: el viejo nacionalismo del siglo XX no debe confundirse con el rechazo a la conducta cuestionada. Hoy, los países democráticos están abiertos al mundo para comerciar, invertir y vincularse con independencia de su orientación ideológica.
Pero una cosa es el comercio, el intercambio y la relación político-diplomática, y otra muy distinta la admisión de una tutela externa que pretenda indicar, de manera explícita o implícita, cómo y con quién debe negociar la Argentina.
La Argentina necesita inversiones, tecnología, comercio y relaciones estratégicas con el mundo. Puede y debe vincularse con Estados Unidos, China, Europa y cualquier otro país que resulte conveniente para sus intereses.
Pero una cosa es abrirse al mundo y otra muy distinta es hacerlo bajo tutela.
Ninguna relación estratégica justifica que un poder externo actúe como tutor de las decisiones soberanas de la Argentina. La cooperación internacional exige respeto recíproco, no subordinación política ni condicionamientos incompatibles con la dignidad institucional del país.
Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI
