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CONSTRUYENDO EL MILEI ETERNO

BCRA Y GRILLETE FISCAL

“Pienso en mi legado porque tengo conciencia histórica”

Presidente Javier Milei

***Con dos proyectos clave, Javier Milei busca blindar su programa económico más allá de su mandato. La reforma del Banco Central y el llamado “grillete fiscal” abren una discusión de fondo: hasta dónde puede una ley condicionar a futuros gobiernos sin vaciar de sentido al voto y a la democracia.

                     La expresión “Cristina eterna” surgió en 2011, cuando la entonces diputada Diana Conti propuso reformar la Constitución para habilitar la reelección indefinida de Cristina Fernández. Aquella iniciativa abrió un intenso debate político en la Argentina.

                     Para Javier Milei, sin embargo, lo “eterno” no se reduce a una dimensión personalista, quiere inaugurar una nueva manera de hacer política en la Argentina: también se puede conservar poder sin ocupar la Presidencia.

                     A diferencia de la idea de “Cristina eterna”, asociada a una reforma constitucional para permitir su continuidad indefinida, Milei introduce otra forma de continuismo: uno impersonal, equivalente a la permanencia de una orientación ideológica.

                     ¿Qué implica esto? Que, mediante cambios normativos, se buscaría imponer un “corsé” legal capaz de impedir que futuros gobiernos electos modifiquen las políticas de fondo, en especial las económicas.

“El debate no pasa solo por la conveniencia económica de las reformas, sino por el intento de convertir una orientación política en mandato permanente”

                     El jueves de la semana antepasada, aunque luego el tema quedó parcialmente opacado por el debate sobre la “extranjerización” de tierras, el Presidente anunció que enviará al Congreso dos proyectos: uno para modificar la Carta Orgánica del Banco Central y otro para establecer un “grillete fiscal”, como él mismo lo denominó, que impediría aprobar presupuestos deficitarios.

                     En cuanto al BCRA, la reforma de su Carta Orgánica otorgaría autonomía plena a la entidad y limitaría su misión a preservar el valor de la moneda, aspectos que podrían considerarse positivos en términos relativos. Pero también blindaría en su cargo al presidente de la autoridad monetaria, al exigir una mayoría de dos tercios para removerlo. Casi eterno.

                     Milei reiteró que la inflación es un fenómeno exclusivamente “monetario”, una afirmación discutida por los keynesianos. Bajo esa premisa, el BCRA concentraría una parte decisiva del manejo de la política económica argentina.

                     El círculo se cerraría con la consagración del actual titular, Santiago Bausili —socio en el ámbito privado del ministro Luis Caputo— como una suerte de “praesidens perpetuus”.

                     Así, aun si Milei no fuera reelecto —o incluso después de un eventual segundo mandato—, la política libertaria podría seguir vigente mediante ese corsé legal, mientras personas cercanas al Presidente conservarían el control de áreas clave del gobierno.

“Cuando una ley busca condicionar a gobiernos futuros, el voto corre el riesgo de perder parte de su sentido democrático esencial”

                     El segundo proyecto, por su parte, impediría aprobar presupuestos con déficit. Si esa regla no se cumpliera, se activaría un “shutdown” similar al modelo estadounidense: se paralizarían las actividades no esenciales del Estado y los funcionarios de mayor rango dejarían de percibir sus haberes.

                     Conviene separar los planos. Según la mirada de cada uno, las reformas al Banco Central y el objetivo político del equilibrio fiscal podrían considerarse valiosos. Pero siempre deben quedar subordinados a las instituciones republicanas, que se legitiman mediante el voto.

                     Ninguna ideología, alianza política o persona puede pretender que sus ideas se perpetúen mediante un “grillete legal” que impida o dificulte su modificación.

                     Pese a quien le pese, vivimos en democracia y la Constitución está por encima de todos. Nada puede situarse sobre ella, y la distribución de funciones y facultades entre los tres poderes no puede quedar subordinada a normas infra constitucionales.

                     El voto debe tener efectos reales. Las elecciones no pueden convertirse en formalidades vacías en las que, sin importar la orientación ideológica del candidato elegido, la política de un expresidente siga gobernando.

                     No se trata del valor de esas ideas —algunas de las cuales pueden parecer adecuadas—, sino del mecanismo inconstitucional con el que se pretende imponerlas en el tiempo, limitando el ejercicio de las funciones de los poderes constituidos.

                     Nada es inmodificable, menos aun cuando el esquema propuesto roza la pretensión delirante de construir un mandato perpetuo e impersonal.

“La discusión de fondo es institucional: ninguna idea, por atractiva que parezca, puede quedar blindada por encima de la Constitución”

                     Esa aspiración de trascender a través de sus ideas no resulta extraña en Milei. Sus viajes, los premios otorgados por aliados ideológicos y su participación en actos electorales de la derecha internacional muestran a un Presidente cuyas prioridades parecen desplazadas respecto de la responsabilidad del cargo que ocupa.

                     El libertario busca ser recordado como un campeón de los ideólogos, el símbolo de la desregulación, el primus inter pares de los mandatarios de derecha y el autor laureado de libros con importante contenido plagiado. Solo después aparece su posible trascendencia histórica como Presidente.

                     Por eso, su agenda parece más concentrada en viajes —más de catorce a Estados Unidos, entre muchos otros destinos—, en enviar proyectos de fuerte contenido doctrinario y en ordenar la política exterior según la afinidad ideológica de cada mandatario. En cambio, no se advierten iniciativas orientadas a mejorar la vida cotidiana de la sociedad ni a fortalecer el contenido de las heladeras.

                     Por ahora, al estar a la encuestas que señalan que su imagen viene cayendo, pareciera que la construcción del Milei eterno parece en ralentí, pero aún cuando el éxito lo acompañe, el propósito no es valioso para un país que respete los valores democráticos.

                     Claro que, en tiempos de legisladores “veletas” y gobernadores con bolsillos flacos y principios lábiles, todo parece posible: incluso que una persona siga gobernando sin ocupar el sillón de Rivadavia.

                     Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

 

 

 

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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