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LA EFICIENCIA Y LA IGUALDAD, LOS PILARES DE LA ATENCIÓN HOSPITALARIA EN CORRIENTES

YO LO VIVÍ

“La salud pública es una herramienta poderosa para igualar las oportunidades y encaminar a los países hacia la equidad y la justicia”
Organización Mundial de la Salud

***No quiero ser oportunista, pero tampoco inmutable ante el comportamiento del hospital público en un evento de salud que tuve que atravesar. Calidad en la atención, igualdad y empatía son los tres adjetivos que se me ocurren. Es lo que me ocurrió en el Hospital de Campaña “Hogar Escuela” de Corrientes. Fuera de la teoría, lo comprobé con mi experiencia. Muchas gracias a todos los trabajadores de la institución.

                   Debido a una dolencia aguda, el sábado antepasado recurrí al servicio de emergencias del Hospital de Campaña “Escuela Hogar”. La sala de espera estaba colmada: a la demanda habitual se sumaban los pacientes derivados del Hospital Llano, cerrado temporalmente por refacciones.

                   Tras una espera razonable, la médica que me atendió dispuso mi internación inmediata. En pocos minutos me administraron la medicación indicada, me realizaron análisis de sangre y me practicaron una radiografía.

                   Poco después, un camillero me trasladó con diligencia al sector de Clínica Médica. La sala de internación contaba con once camas y, en ese momento, seis pacientes compartíamos el espacio.

                   Allí comenzó un proceso de seguimiento clínico constante que, día tras día, puso en evidencia la seriedad, la preparación y el compromiso de cada integrante de la institución.

                   Ni mi familia ni yo tuvimos que ocuparnos de gestiones burocráticas para acceder a las prestaciones que requería mi cuadro. Desde el traslado hasta los estudios, pasando por la enfermería y la atención médica, todo se resolvió con eficiencia y con un trato respetuoso que alcanzaba, sin distinciones, a todos los internados.

                   La rutina hospitalaria poseía la precisión de un ritual. Todas las mañanas, a las seis en punto, se encendían las luces. Ingresaban en comitiva la guardia saliente y la entrante; cama por cama, se transmitían los detalles minuciosos de cada evolución. A las siete comenzaba la recorrida para la verificación de signos vitales, seguida de las prestaciones específicas que cada paciente requería: kinesiología, bioquímica y otros servicios interconsultas. Finalmente, con todos los elementos en mano, los médicos auscultaban y dictaban las directivas pertinentes.

                   Un detalle que no quiero pasar por alto: cada mañana se presentaba en la sala un profesional del área de salud mental del nosocomio para ofrecernos contención psicológica. ¿En qué lugar se ve semejante cobertura?

                   Si me detengo en la descripción de esta rutina es porque todo funcionaba como un relojito. Pero no se trataba únicamente de una regularidad de eficiencia suiza; estaba sazonada, fundamentalmente, por la empatía y la calidez correntina. Lo mejor de la experiencia era la absoluta horizontalidad: la palabra amable, el consejo oportuno, la pastilla a horario y el suero cambiado en el momento justo eran idénticos para todos.

                   No hay mejor sensación que percibir ese tratamiento igualitario en un ambiente hospitalario. Cuando se trata de la salud, la igualdad es el componente más dignificante de la condición humana.

“Dijo una pionera en salud internacional: la equidad en salud es como el aire, nos pertenece a todos”. Ana Lucía Ruggiero”

                   Esa dignidad se respiraba en las historias compartidas. En la cama 6 estaba un paciente que esperaba el cierre de una herida por una afección diabética; me confesó que se sentía tan bien atendido que le costaría dejar el hospital. El de la cama 8, ya de alta, tuvo que demorar su salida por un dolor de cintura. En la 9 se encontraba un antiguo agente de tránsito, gran conversador, con quien hicimos buenas migas. El de la 10 es un personaje entrañable que vive en el hospital desde hace tres años debido a un severo ACV; a él se le llenaban los ojos de lágrimas ante cualquier gesto de humanidad (su historia la contaré en mi próxima columna). Enfrente, en la cama 1, el más joven de los internados, se mostraba reservado pero muy inteligente. Al lado, mi cama.

                   He estudiado y experimentado la administración de la salud. Soy partidario del sistema mixto (público-privado) porque creo que de la complementariedad surgen los mejores resultados en contextos donde los recursos no sobran.

                   Sin embargo, defiendo plenamente el desarrollo del sistema público. No solo porque iguala el derecho elemental de los ciudadanos a una misma calidad de atención, sino porque, en una provincia como Corrientes, solo el sistema público es capaz de sostener una atención integral y una infraestructura de emergencias de tal magnitud, algo que el sector privado no puede emular.

                   Es cierto que cada uno habla de la feria según cómo le fue en ella. Probablemente existan experiencias dolorosas o negativas que hagan que otros disientan. Pero si comparamos nuestra realidad con la de países como Estados Unidos, donde 50 millones de personas están prácticamente excluidas del sistema, podemos sentirnos orgullosos de la Argentina. Me atrevo a decir que nuestro país es uno de los más igualitarios en la materia y con mayor calidad en sus establecimientos públicos; en particular, la provincia de Corrientes.

“La calidad en la atención, el trato, igualitario, y la empatía, constituyen el basamento de la atención sanitaria pública en Corrientes”

                   El Hospital de Campaña, aquel que dio un duro combate en el frente de batalla durante la pandemia, que salvó tantas vidas, que despidió a otras y que pagó el doloroso precio de perder a varios de sus propios trabajadores, hoy consolidado como un hospital general, merece todo nuestro reconocimiento.

                   Quiero agradecer a todo su personal: a quienes limpian y mantienen las instalaciones, a quienes nos conducen en camillas o sillas de ruedas, a quienes realizan los estudios y extracciones, y a quienes nos sirven ese rico mate cocido por las mañanas y las tardes. Mi reconocimiento también para los médicos por su enorme capacidad.

                   Y, especialmente, dedico estas palabras a quienes considero el verdadero paradigma de la atención hospitalaria: las enfermeras y los enfermeros. Gracias por su eficiencia, paciencia, pulcritud y por acompañarnos cuando la enfermedad nos debilita el ánimo. Quiero nombrarlos expresamente: al turno mañana (Mariana, Emilce, Silvia, Belén, Rosa, Nazarena, Marianella, Fanny y Emilio); al turno tarde (Lourdes, Noelia, Liliana, Melisa, Dalila, Adriana y Laura); y al turno noche (Rita, Cecilia, Andrea, Noelia, Alexia, Rosana, Carla, Celeste y Viviana). Son un orgullo civil. Gracias de corazón.

                   Felizmente ya estoy en casa, con mi familia y plenamente recuperado. Me queda la profunda satisfacción de saber que, aun con carencias y dificultades financieras, en Corrientes contamos con calidad e igualdad en la atención sanitaria pública.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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