
UNIVERSIDAD PÚBLICA
“No me parece bien que el carnicero del barrio le pague la carrera de lenguaje y cultura artística a un cheto de Palermo”
Gordo Dan, filósofo libertario
***La cuarta marcha universitaria en defensa de la educación pública, viene a dejar blanco sobre negro el verdadero dilema de la Argentina. El problema universitario no es meramente presupuestario, es una aplicación coherente, deliberada y filosóficamente fundada de un modelo que concibe al Estado como un usurpador. La universidad, entonces, debería ser sostenida por el mercado. En consecuencia, tendremos que mirar hacia nosotros mismos y advertir que es el modelo que votamos en 2023 y 2025.
No hace falta una memoria muy entrenada para recordar las palabras del Presidente Milei cuando dijo que era el topo que venía a destruir desde adentro el estado. El que avisa, no traiciona.
El reiterado incumplimiento por parte del Poder Ejecutivo de la ley de financiamiento universitario y la poda criminal de los recursos para la educación y la salud instrumentada a través de la Decisión Administrativa N° 20/26, suscripta por el inefable Jefe de Gabinete Manuel Adorni y publicada un día antes de la marcha, no son nada más que parte del plan de Javier Milei de destrucción del estado.
No se trata, entonces, de meras dificultades financieras o de una lucha con médicos, docentes universitarios y estudiantes, ni de tironeos presupuestarios. Tampoco de sueldos de hambre para los que laboran en hospitales y universidades, o de la continuidad de obras paralizadas en centros de salud y de estudio.
Se trata, ni más ni menos, que del modelo anarcocapitalista para la Argentina, que fue votado en 2023 y ratificado en 2025, y que supone un estado mínimo, dónde la salud y la educación son un problema para el mercado y no para el estado. TMAP, punto.
“El pilar conceptual del dogma libertario: “la educación no es un derecho, porque alguien la tiene que pagar”
¿Podemos atribuirle a Milei que haya mentido al electorado? ¿Hizo Milei la “gran Menem”, cuando el riojano gobernó con un programa neoliberal, todo lo contrario de lo que prometió en la campaña? No, y definitivamente no.
Lo que lleva adelante la administración libertaria es, nada más y nada menos, el estricto cumplimiento de su modelo ideológico de gestión, que supone el desguace del estado en todo aquello que no sea la construcción y mantenimiento de un aparato de seguridad que proteja la propiedad privada y el libre fluir de los negocios.
De ese modo, si a la sociedad, o por lo menos a la mayoría de sus integrantes, les preocupa el acelerado deterioro de la educación y de la salud pública, deben tener en cuenta que el origen del problema no está en el presupuesto, o en la sensibilidad de los actuales gobernantes. El problema se origina en las urnas, único lugar dónde se plebiscitan las políticas públicas.
Así y todo, no puede ignorarse que la universidad es una institución pública de gran importancia, y todo lo que suceda en torno a ella puede y debe ocupar a la ciudadanía. De allí la gigantesca marcha, la cuarta, que indica que no es un problema menor.
Temo que para el gobierno no todo es dogma, cuando se siente cuestionado no tiene problemas en recurrir a la metodología populista que niega su propia naturaleza. Y allí está su engaño.
“Amo ser el topo que destruye el estado desde adentro. Javier Milei”
Me quiero referir a dos argumentaciones utilizadas para descalificar la marcha, que carecen de razón fundante.
La primera, que la marcha “es política”, como si ello descalificara la misma en sus razones. En democracia, todo lo relacionado con lo público -la universidad lo es, y de qué manera- es político. En tal sentido, la muletilla gubernamental de recurrir a dicho argumento para desechar todo aquello que no le conviene, es una gruesa inconsistencia que afecta los pilares mismos del sistema democrático.
En segundo lugar, el gobierno toma prestada la retórica progresista de la equidad para destruir una institución pública. El argumento suena así: los pobres, que tienen menos acceso a la universidad, terminan financiando con sus impuestos la educación de “los chetos de Barrio Norte”. Un oxímoron.

Al desfinanciar la educación superior, al destruir la universidad pública, están privando al chico del conurbano o del interior profundo a acceder a un título; el hijo del “cheto de Barrio Norte” paga una privada y listo el pollo. Sin universidad pública, el conocimiento deja de ser un derecho para convertirse en un bien de lujo.
El argumento omite además, deliberadamente, las externalidades del conocimiento. Una sociedad con más graduados produce innovación, movilidad social y desarrollo que beneficia a todos, incluyendo a quienes nunca pisaron un aula universitaria.
“Hombre, pueblo, nación, estado: todo está en los humildes bancos de la escuela. Domingo Faustino Sarmiento”
Están intentando convencernos de que el médico que te salvó la vida o el docente que te enseñó a pensar son “parásitos” del sistema.
En este punto, el conflicto con universidades y hospitales funciona como un termómetro. No porque sean sectores intocables, sino porque son espacios donde el Estado, históricamente, no solo prestó servicios, sino que construyó legitimidad. Tocarlos implica algo más que reasignar partidas: implica redefinir el contrato entre Estado y sociedad.
Los países con sistemas más orientados al mercado en educación y salud, como el de los EEUU, gastan más por habitante y obtienen peores resultados que los sistemas mixtos con fuerte rectoría estatal. Francia, Alemania, los países nórdicos no son socialistas: son pragmáticos. Usan el mercado donde funciona y el Estado donde el mercado falla.
En su afán por destruir todo lo que huela a Estado, se topó con un hueso difícil de roer: la identidad argentina. La clase media, esa que Milei dice representar, se construyó sobre la base del guardapolvo blanco y el título en la pared. “M´ijo el dotor”, fue la representación de la movilidad ascendente.
El desguace mileísta de las universidades no es una isla en medio de otras. Se suman el de la brusca caída de las capacidades de las provincias y los municipios de atender la salud y la educación, el de las políticas públicas de atención y prevención sanitaria y de vacunación; el de la instrucción elemental; el de una infraestructura que ya no solo no alcanza, sino que se cae a pedazos.
La crisis en el sector de la ciencia y técnica es dramática. Un país sin ciencia propia es un país maquillador, condenado a exportar barro e importar tecnología.
Pero, al final del día, diremos resignadamente: es el modelo, estúpido.
Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI
