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PRIMEROS PASOS: HETERODOXIA Y FUERTE AJUSTE FISCAL

PRESIDENTE ELECTO

“Los cambios que nuestro país necesita son drásticos. No hay lugar para el gradualismo. Estamos ante el fin del modelo de la casta”

Javier Milei, presidente electo

*El contundente triunfo de Milei le otorga un plafón inicial para su gobierno. Pero la luna de miel, si la hay, es corta. Las urgencias del corto plazo ameritan la construcción de políticas públicas con cierto grado de consenso, para que las decisiones gubernamentales puedan ser ejecutables. Sus primeras declaraciones parecen indicar un camino con más pragmatismo y menos ortodoxia ideologizada.

**Estuvo muy bien al convocar a todos los que quieran abrazar sus ideas libertarias. Pero, como la democracia es pluralidad, no hay que dejar afuera a los que piensan distinto, bajo pena de instaurar un nuevo pensamiento hegemónico.

***No hay lugar para el gradualismo, expresó, lo que significa dolor en el corto plazo con el objetivo de mejora en el mediano. Anunció “un plan de contención para los caídos”. Habrá caídos, entonces. Nada es gratis.

                   Con una “ventajeada” propia de su personalidad, Massa se apresuró a reconocer la derrota electoral y tirarle la responsabilidad del gobierno sobre la cabeza de Milei a partir del lunes siguiente a la elección. Milei, que será novato pero no tonto, le respondió de inmediato que se hagan cargo de su responsabilidad hasta el 10 de diciembre.

                   Cuando hace cinco años comenzaba tímidamente a dar sus primeros pasos en política, o hace dos cuando se lanzó como candidato a diputado, nadie lo tuvo en cuenta con demasiada seriedad. Un “outsider” más, que seguramente se iría a diluir, más temprano que tarde, en el caldero del sistema político.

                   Pero, el error de cálculo estuvo en la comprensión del grado de hastío de gran parte de la sociedad, ante un sistema de casi cuatro lustros que la condenó a un desierto económico, político y cultural. La tierra estaba fértil, faltaba la semilla adecuada.

                   Juntos por el Cambio, que pareció tener la vaca atada, se diluyó en una trifulca de vanidades. El tradicional internismo radical se trasfundió a toda la coalición y terminaron dejando el mensaje de cambio a un costado para privilegiar las luchas palaciegas.

                   Y así, entre errores ajenos y méritos propios, con ideas que parecían traídas de tiempos pretéritos como las de un liberalismo extremo, con actitudes circenses, gritos, improperios y la creación de un enemigo político, la casta, fue construyendo una épica a la que mucha gente se sintió convocada.

                   Su locura se convirtió en su mayor activo político. Las ideas extremas, algunas decididamente descabelladas, fueron conformando un espacio que reunió la mirada de quiénes estaban muy poco en contacto con la política, en especial la juventud.

                   Las Paso significaron su desiderátum electoral. Dejó a “la casta” en segundo y tercer lugar, y adquirió personería de retador del oficialismo, por encima de un prematuramente envejecido Juntos por el Cambio.

                   Con gran sentido de la oportunidad, tuvo el timming suficiente para, a su tiempo, utilizar económica y políticamente a Massa, para superar en las Paso a la soberbia ganadora de los Rodríguez Larreta y Bullrich; y aprovechar la gran “mano” de Macri para desembarazarse del tigrense y vencerlo en segunda vuelta.

                   Pero, repito, así como la candidatura de Massa se constituyó a fuerza del dispendio del dinero público, Milei fue el producto combinado de sí mismo con la indispensable colaboración de una sociedad que se hallaba a punto caramelo para recibir los nuevos vientos de un cambio drástico.

                   Nuevamente, las encuestadoras casi que faltaron a la cita. No hacían falta para saber que Milei tenía grandes chances de ganar, intuitivamente todos lo sabíamos, pero ninguna acertó en los más de once puntos de la ventaja, que en un balotaje es un campo inmenso.

                   El primer mensaje pareció el de un mandatario que dejaba de lado las divisiones y comenzaba a transitar el camino virtuoso de los acuerdos: “todos los que se plieguen a las ideas de la libertad serán bienvenidos, vengan de donde vengan”, dijo.

                   Sin embargo, en esas mismas palabras tranquilizadoras, pareció colarse un mensaje subyacente del pensamiento único. Serán bienvenidos, según Milei, “los que se plieguen a las ideas de la libertad”. ¿Y los otros?: esos no, parecería ser la conclusión.

                   Es temprano para asegurarlo, pero ojo que el ataque más artero a la democracia liberal es la intolerancia a la pluralidad. Lo sufrimos durante los último cuatro lustros, lo cierto es que la sociedad quiere ser libre, verdaderamente libre, y no cambiar de amo. ¿Quedó claro?

                   Terminó la etapa electoral, muy larga según la sensación del ciudadano. Votar cinco veces en el mismo año, como en algunas provincias, es un exceso. Hacerlo tres veces para elegir presidente también, no sólo es tiempo que pierde la gente, son tiempos en los que no se gobierna, se hace demagogia. Las Paso, entre otras reformas, deben eliminarse.

                   Llega el momento de lo que importa, se terminaron las generalizaciones de la campaña, los ocultamientos, las medias verdades, las enteras mentiras. Es el momento de la cruda verdad, de la realidad, del anuncio de las medidas concretas de gobierno, de los ¡qué!, de los ¡cómo! y de los ¡cuándo!

                   El propio libertario anunció el día lunes que la inflación tardaría un año y medio o dos en controlarse, que el cepo cambiario se sostendría hasta resolver el tema de las Leliqs, y que “los ajustes los pagará el sector privado” (Ámbito Financiero, 20.11) (¿).

                   Habló también de la intención de privatizar YPF, la TV Pública, Radio Nacional y Telam, también negó que vaya a hacerlo con la educación y la salud, que, aclaró, son de competencia provincial. No se refirió a Aerolíneas.

                   Dijo de manera contundente que no va a haber “gradualismo”, que los cambios deben ser drásticos y estructurales, lo que sin dudas deja un amplio abanico de posibilidades y de consecuencias.

                   Una devaluación inminente es casi cantada. Un fuerte ajuste de las cuentas públicas es la base del festejo en Wall Street. La dolarización, todavía en aguas de borraja, puede traer fuerte impacto inicial en el bolsillo de la gente. No parece haber camino de recuperación en el mediano plazo, sin dolor en el corto.

                   Sabiendo el impacto social de sus políticas, recurrió a su tan odiado Keynes, para anunciar una política de “contención a los caídos”, que lo coloca, en principio, variando el sendero de la ortodoxia libertaria y con signos de un pragmatismo desideologizado.

                   Nada de lo que hoy se haga en función de gobierno es fácil, pero tampoco gratis. Todavía no veo políticas que en lo inmediato vayan a traer alivio a la gente, antes bien las intuyo restrictivas del gasto y consecuentemente de ajuste, que, probablemente a mediano plazo tengan resultados de reactivación y mejora.

                   Pero tampoco gratis, porque el otro gran sector de ciudadanos que no lo votaron, lo que llamaría integrantes de la Argentina corporativa, no han desaparecido y estarán agazapados para dar el salto ni bien se afecten sus intereses.

                   Amerita, entonces, una necesidad imperiosa de elevarse como mero mandatario y pasar a la condición de estadista, que supone no sólo auparse en un ideario enlatado, sino tener la muñeca para conducir una situación que, si las cosas no van bien, podrá tornarse explosiva.

                   Conformar una masa crítica de partidos políticos y de legisladores, es tarea imprescindible, buscando consensos aún a costa de la puridad de los planteos, porque debemos partir de la estación de la gobernabilidad, sin la cual ni siquiera podremos subir al tren del cambio y la mejora.

                   Como todo gobierno que comienza, otorgarle un período de luna de miel es indispensable, para luego analizar sus comportamientos.

                   Por ello, ni descreídos ni ingenuos.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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