#COLUMNASIMONETTI Javier Milei narcisismo Presidente psicópata

¿UN PRESIDENTE INESTABLE PARA UN PAÍS INESTABLE?

PSIQUIS Y MORAL

“Intemperante, imprudente y extravagante, poco en Milei sugiere que sea el salvador que Argentina necesita”

The Economist

*Si la inestabilidad es el problema argentino, la solución no puede estar en un dirigente inestable.  Una vez que depositemos el voto, la llave se tira al mar, y quedamos presos en el Titanic en que se ha convertido la Argentina. Con peligro de naufragio, lo que menos querríamos es un capitán irascible.

**Con una petofilia marcada y un complejo que arrastra desde una infancia de maltrato paterno, a sus 52 años Milei está preso de una personalidad rara e imprevisible. ¿Es para presidente?

***Con corruptelas probadas, como el plagio de libros y la utilización de pasajes estatales para cuestiones políticas, la moral del libertario está en consonancia con la de la “casta chorra” que critica.

                   Muchos de los habituales lectores de mis columnas dirán que la tengo con Milei. Y yo le respondo que están acertados. Sí, la tengo con Milei, no con su pelo desordenado, su estilo barullero ni su verba agresiva, no con sus ideas libertarias o liberales extremas, quizás hasta tampoco -un poco sí- con sus propuestas locas que, por conveniencia electoral, comienzan a entrar en el ámbito aguachento del disimulo.

                   La tengo con él por su evidente desequilibrio psíquico y su cinismo, es decir por el aspecto más preocupante en el libertario, que es su relación con la moral y con su propio temperamento.

                   La gran pregunta hoy en la Argentina es, si siendo un país extremadamente cambiante, inestable, voluble, ¿debemos buscar el remedio en un político que más que para el sillón está para el diván?

                   La locura es fronteriza con el poder. Está permanentemente acechando la mente de los poderosos, y aprovecha cualquier resquicio para penetrarla, aunque sea en mínima proporción, obviamente con resultados infortunados para los que están bajo su influjo.

                   “Locura” es un término antiguo, despectivo y en desuso. Sin embargo, en el grado variable de las patologías psíquicas, la psicopatía es la que mayores dificultades suele ofrecer para distinguir entre una persona normal y una persona enferma.

                   Los psicópatas son mentirosos, arrogantes, no tienen parámetros morales, no se arrepienten, son superficialmente encantadores, en el poder son celosos e inseguros, no permiten que otros les hagan sombra. Pero pueden llegar a tener un comportamiento normal, que disimule su verdadera naturaleza.

                   En esa combinación peligrosa de temperamento y poder, existe una tríada oscura según la teoría psicológica de la personalidad publicada por primera vez por Delroy Paulhus y Devin Williams, en 2002: el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía, tres tipos de personalidad no patológicos.

                   El narcisismo es grandiosidad, orgullo y egoísmo. El maquiavelismo es manipulación, explotación de los demás, ausencia de moralidad. La psicopatía, por último, es ausencia de culpa, impulsividad, insensibilidad.

                   No se necesita ser psicólogo para advertir en el comportamiento de Javier Milei componentes indudables de estos trastornos, a los que no podremos llamar “locura” pero sí establecer una relación de parentesco cercano con ella.

                   Por un acontecimiento en Metán (Salta) en 2018, un juez le prohibió a Milei dar conferencias en esa localidad y debió someterse a una revisión psicológica. Finalmente, debió pedir disculpas a una periodista por el destrato lindante con la humillación a la que la sometió. “Desde que me metí en política, no insulté más”, dice como si ello no fuera parte de su personalidad.

                   Esotérico al estilo lopezreguista, petofílico con sus perros -en especial Conan, ya muerto-, está en proceso de conversión al judaísmo. Días pasados repitió un viaje realizado ya en julio a Nueva York, para visitar “El Ohel”, un lugar que cobija la tumba del rabino Menachem Mendel Scneerson, mejor conocido como el “Rebe de Lubavitch”, séptimo líder de la dinastía jasídica fallecido en 1994.

                   Es evidente que, con cincuenta y dos años, el candidato libertario recién se encuentra en proceso de reconstrucción de su personalidad. Eso y no otra cosa es su conversión al judaísmo, no por inconveniente sino por tardía, que muestra a alguien que recién está buscando su camino espiritual mientras aspira a dirigir los destinos de 45 millones de argentinos.

                   Milei carga en sus espaldas con las consecuencias de una infancia de violencia física y maltrato psicológico por parte de su padre Mario, al que le gustaba auto justificarse calificando a su hijo de “loco”. Su hermana es su heroína, así la siente, y delega en ella las principales tareas políticas.

                   Se quejó de la incursión periodística en su historia familiar y psicológica, que -dijo- son cuestiones privadas, ignorando que la privacidad personal cede ante el interés superior de la sociedad de conocer el equilibrio emocional y psíquico de quienes aspiran a dirigirla desde los más altos estrados.

                   No puedo afirmar que padezca de una patología psíquica, sí que tiene una personalidad manifiestamente inestable, de la que pueden resultar comportamientos impensados que, en ejercicio de la presidencia de la nación, serían fatales.

                   El otro aspecto que queríamos analizar en este artículo es la relación del inestable candidato con la moral, no la moral como elemento abstracto de la personalidad, sino con sus propios comportamientos. Allí es, también, dónde muestra un costado vulnerable. Veamos.

                   Como diputado en ejercicio, no deja de hacer cada una de las cosas por las que detestamos a los legisladores. Asistió a menos de la mitad de las sesiones, utilizó los pasajes gratuitos que da la Cámara para viajar por el país dando sus charlas “pagadas”, con un estúpido pretexto que desestima la inteligencia de la gente: “Si no usas esos pasajes, el dinero le vuelve a la casta”.

                   Su partido está entre las agrupaciones que no han rendido en tiempo y forma los recursos que le confiere el estado para el funcionamiento y gastos de campaña, tampoco se tiene idea clara de sus fuentes de financiamiento.

                   Como autor de libros y artículos periodísticos, ha sido acusado reiteradamente, con pruebas contundentes, de “plagiador serial”, incorpora párrafos completos de otros autores como propios, sin siquiera parafrasearlos o entrecomillarlos. Ante una pregunta de Viviana Canosa en la Feria del Libro 2022, sobre los seis trabajos que habría plagiado en su libro “Pandenomics”, sorprendido el “gran copión” contestó: “bueno, digamos, o sea”.

                   Se podrá decir que eso no es nada comparado con la corrupción de “la casta”. La moral no es cuestión de dimensiones sino de virtudes. Escamotear un pasaje o copiar un libro, aunque parezcan “monedas” a los ojos de la gente, se convertirían en fortunas si se maneja el poder.

                   Resulta claro que la sociedad argentina no le da demasiada importancia a la moral de sus gobernantes. Es que, con nuestro historial de crisis económicas recurrentes, analizar la integridad ética de sus dirigentes aparecería como una extravagancia de pudientes. Pero no es así.

                   Lo concreto es que, si fuimos capaces de votar una y otra vez a quienes saquearon el país, ¿porque no lo haríamos con quién apenas es un gran copión, simulador, autor de pequeñas corruptelas como el escamoteo de pasajes de la Cámara de Diputados?

                    Hoy, la artillería marketinera de La Libertad Avanza está dedicada a esconder todo lo posible la personalidad de Milei, y a disimular sus ideas locas, un comportamiento matemático que demuestra el aserto del teorema de Baglini.

                   Pero cuidado, que la sociedad no ingrese en un cepo peor que los cepos kirchneristas. Corremos el peligro que la llave se tire al mar, presos de un personaje de diván, encerrados en el fantasmagórico Titanic en que se ha convertido la Argentina.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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