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PARTIDOCRACIA Y ÉLITES PARTIDARIAS

ELECCIONES PROVINCIALES

“La partidocracia es aquella forma de estado en que las oligarquías partidistas asumen la soberanía efectiva”

Wikipedia

*Para la elección de candidatos provinciales y municipales no existen las Paso. La legislación local permite reemplazarlas por convenciones o congresos partidarios, los que a su vez delegan las nominaciones en un pequeño grupo dirigencial. El hartazgo social por la clase política, provoca el paulatino empobrecimiento de la democracia. 60 partidos para que sólo un puñado de dirigentes o un interventor nominen los candidatos.

**Ya poco interesan los políticos, la sociedad está ingresando en un peligroso camino de desentendimiento de la suerte común.

***Las élites dirigenciales parecen no tomar el pulso social, embarcados en sus juegos de poder que no dejan ver el bosque.

                          Si quisiéramos calificar con precisión milimétrica nuestro sistema de gobierno, tal vez no deberíamos llamarlo democracia sino partidocracia o democracia de partidos. Por imperio constitucional y legal, los partidos políticos tienen el monopolio de las postulaciones en todas las categorías de candidatos. Para acceder a un cargo representativo, se debe integrar la lista de uno de ellos.

                          De allí la importancia de que las reglas electorales sean transparentes y democráticas no sólo en las elecciones generales, sino además en los comicios partidarios para elegir autoridades, constituir alianzas y nominar candidatos. No puede hablarse de verdadera democracia si las generales son transparentes pero no las internas, y viceversa. Es un conjunto inescindible.

                          Para examinar la calidad de un sistema político en un lugar y tiempo determinados, no debemos apreciar una foto sino ver la película. Los sistemas no son inmutables, deben aggiornarse y evolucionar hacia mejores instrumentos de representación. Las leyes reguladoras deben modernizarse, de manera tal que garanticen una mayor democratización.

                          En el orden nacional y en muchas provincias, se establecieron las Paso (Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) para la elección de candidatos. Sin ser un instrumento perfecto, han introducido mayor transparencia e igualdad de oportunidades en las internas de los partidos políticos.

                          La neutralización, por lo menos parcial, de la influencia de las oligarquías partidarias en las decisiones, es el producto imperfecto pero posible de las Paso. Dónde no las hay, definitivamente la democracia queda en manos de unos pocos.

                          Tengo una mala noticia: las normas electorales en nuestra provincia son obsoletas y, a pesar de algunos retoques como la paridad de género y el voto joven, favorecen el hegemonismo político y deterioran la representatividad.

                          En Corrientes, por ejemplo, no rigen las Paso para las candidaturas provinciales y municipales. ¿Por qué? Porque a las élites dirigenciales no les convienen y a las ciudadanos no les importan. Tenemos a los políticos dedicados a alcanzar, preservar o aumentar sus espacios de poder y a una sociedad con un conformismo decadente, desentendida de la democracia y ocupada en temas más urgentes como la subsistencia diaria.

                          Tal vez sea más cómodo que las cosas las resuelvan otros, de una, sin mucho debate, nosotros los ciudadanos preferimos funcionar como aquéllos que en los tiempos de la Grecia clásica, la de la democracia directa, se los denominaba “idiotas”, desentendidos de la cosa pública.

                          El panorama político y electoral correntino se caracteriza por su baja democraticidad, atomización partidaria, concentración política, escasa renovación dirigencial, reglas electorales obsoletas que obstaculizan la competencia interna y excesiva incidencia estatal en el volumen social.

                          La laxitud de la ley facilita en extremo la creación de nuevos partidos. Con decir que para estos comicios existen algo así como sesenta partidos, que se conforman por partidos, partiditos, partidos de algún fulano o algún mengano y sellos partidarios que están en el mercado.

                          Sin embargo, este fenómeno de fragmentación de la oferta no se trasluce en una mayor variedad de ésta, sino precisamente en lo opuesto, en una concentración política y decisional. Con el fenómeno de las alianzas, los sellos se suman para tener mayor cantidad de boletas en el cuarto electoral.

                          Para estas elecciones de medio término, en Corrientes se constituyeron tres alianzas, con un total de cincuenta y ocho partidos: Eco y Vamos Corrrientes con 31, el Frente de Todos con 22 y Ganemos Corrientes con 5. Necesitamos muchas manos para contar con los dedos la cantidad de partidos que conforman un frente electoral, pero nos alcanzan los dedos de una sola para identificar a los que toman las decisiones.

                          Es que, otro fenómeno característico de la política correntina (también de otros lugares) es la existencia de un sistema de partido dominante, cuya élite toma las decisiones y el resto acompaña.

                          En la UCR es una comisión ad-hoc, ocho dirigentes elegidos por la convención los que deciden la suerte de la alianza de 32 partidos y los candidatos. El resto son de palo. En el PJ, el mandamás es uno sólo: el interventor.

                          Favorecidos por la ley de partidos políticos y el código electoral provincial, las internas partidarias se sustituyen por convenciones, asambleas o congresos, y éstas por algunos fulanos o menganos que tienen el poder partidario. Entonces, todos contentos y sin mucha bulla.

                          En dicho sentido, el líder partidario del oficialismo fue contundente en la reafirmación de la concentración decisoria: “no se van a autorizar alianzas municipales que tengan algún partido que no integre la alianza provincial”, dejando fuera de juego a las dirigencias locales. El término “autorizar” es más castrense que político.

                          El dirigente justicialista Karlen, un alfil albertista, optó por ir por afuera del Frente de Todos, ante la evidencia de que el interventor partidario no permitiría internas y conformaría las listas con simpatizante y dirigentes de sello camporista.

                          Me animo a resaltar algunas de las características del mercado político y electoral de Corrientes:

-Las leyes provinciales son un cursograma para alcanzar el hegemonismo político y obstaculizar elecciones internas competitivas.

-La atomización partidaria ofrece el efecto contrario, el de concentración del poder a través del sistema de partido dominante.

-Bajo grado de renovación dirigencial

– Élites partidarias cristalizadas, que cierran cada vez más el espectro.

-Multiplicidad de partidos sin representación real en la sociedad.

-Conformación de alianzas meramente electorales, que no son políticas ni de gobierno.

-Apariencia de democraticidad por la suma de sellos, dónde vale más la obediencia que el debate.

-Sistema electoral confuso, con decenas de boletas sábana, que confunden al elector y no le dan posibilidades reales de elegir.

                          La obsolescencia del sistema electoral y político correntino nos ha introducido en una democracia de élites. Es decir que la democracia ha devenido en partidocracia y ésta en una especie de plutocracia no económica.

                          Y aquí vale nuevamente la pregunta del millón: ¿hasta dónde le importa a la sociedad la preservación del sistema democrático? Porque si la democracia no es un fin en sí misma, debería ser meramente un medio para alcanzar otros valores socialmente trascendentes como la educación, la seguridad, la tranquilidad económica.

                          Entonces, si el medio o instrumento (la democracia) no garantiza el alcance de esos valores, podremos cambiarlo por una oligarquía, una monarquía, una dictadura. Y, lo contrario, como sucede en nuestra provincia, si las élites partidarias gobiernan con algún grado de eficiencia, no tendría sentido preocuparse para hacer más transparente el sistema.

                          La democracia es un fin en sí misma, único sistema que permite al ser humano ser coprotagonista de su destino. Digo en mi libro “Las zonas oscuras de la democracia”: “no te preguntes qué puede hacer la democracia por ti, interrógate qué puedes hacer tú por la democracia”.

                          Mientras tanto, sin internas en los partidos y alianzas, se aprestan a presentar sus candidatos elegidos por el dedo de la dirigencia principal.

                          El 11 de junio, estaremos en el cuarto oscuro escogiendo entre casi sesenta boletas sábana.

                          Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente.

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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