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NACION POBRE, ¿PROVINCIAS RICAS?

SUPERÁVITS PROVINCIALES

“El conjunto de los 24 estados provinciales terminó el año pasado con superávit, a diferencia del gobierno nacional que concluyó con un déficit del 3% del PBI”

Instituto de Investigaciones para la Realidad Económica Argentina y Latinoamericana (IERAL)

*En un contexto de crisis nacional, paradójicamente, la mayoría de las provincias argentinas trabajan con superávit (no todas), lo que les permite el pago de sueldos en término y la ejecución de algunas obras. Sin embargo, ello no se ha trasladado a una mejora en el nivel de vida de sus pueblos.

**Corrientes se enfrenta al dilema del incremento de la energía. Seguramente, deberá ser menor al de otras jurisdicciones teniendo en cuenta que la distribución (DPEC) nunca estuvo subsidiada.

***El país se encuentra inmerso en una fenomenal crisis económica y en proceso de disolución republicana por las causas de corrupción.

                         Cuando nos referimos a la pobreza, hay que tener en cuenta el cristal con el que se mira. El concepto puede tener distintos ángulos de abordaje, sobre todo si los índices están basados en la variación de los ingresos con relación a la canasta, como mide mensualmente el INDEC, o si se calcula la pobreza estructural con muchos otros indicadores, entre ellos los de vivienda, que ocurre con los censos nacionales cada diez años.

                         Con esa prevención, sin dudas que los argentinos nos encontramos en uno de los puntos más bajos de nuestra economía, que naturalmente impacta en los sectores de recursos medios y bajos a través del impuesto inflacionario.

                         El componente principal de la inflación es el déficit fiscal, es decir un estado que gasta más de lo que recauda. La peor combinación es la que tenemos hoy en nuestro país, muchos impuestos y muchos gastos.

                         En la Argentina, en 28 de los últimos 35 años los gastos superaron los ingresos. ¿Cómo cubre el estado el dinero faltante? Subiendo impuestos, emitiendo papeles de deuda, recurriendo al crédito internacional, estatizando flujos de dinero (AFJP), y fundamentalmente emitiendo moneda sin respaldo (inflación).

                         Una conclusión es que la velocidad en el crecimiento de los gastos estatales es casi siempre superior a la de los recursos. De allí que tenemos un estado casi quebrado, y medidas de ajuste fiscal en curso que se instrumentan y que impactarán el bolsillo de la gente.

                         Ahora bien, una cosa es la pobreza de las personas y otra muy distinta es la pobreza de los estados. ¿Qué quiero decir con ello? Que gran parte de la población puede estar por debajo de los umbrales de pobreza, pero puede habitar en una provincia que tenga superávit fiscal, es decir que los gastos estatales estén por debajo de los ingresos.

                         De allí viene el título de esta nota. Es público y notorio que el estado nacional se encuentra inmerso en un tsunami financiero y económico, con un déficit fiscal que supera el 3% del PIB y que debe ser bajado ha cómo dé lugar.

                         ¿Es posible que en un estado nacional casi quebrado tengamos provincias con superávit? La respuesta es afirmativa. Parecería una contradicción, pero no lo es.

                         En un contexto de puja por el reparto de fondos, desde hace varios años las provincias en su conjunto vienen teniendo superávit en sus cuentas, en oposición a un estado nacional deficitario.

                         Según el IERAL, en 2021 las provincias terminaron el año con un superávit fiscal del 0,8% del PIB, el mayor de la década, contra un déficit nacional del 3%. Ello permitió a los estados subnacionales financiar la inversión pública y el pago de sus deudas.

                         En un estudio realizado por la consultora Politikon Chaco, en el tercer trimestre de 2021 los ingresos provinciales en su conjunto tuvieron una expansión nominal interanual del 60,1%, lo que significa una suba real del 5,0%, contra gastos que subieron el 53,5% nominal e incremento real del 0,7%. En síntesis, los ingresos provinciales crecieron más que los gastos.

                         ¿Dónde se encuentra la explicación de provincias superavitarias en un contexto de crisis económica? Sencillo: Los recursos de coparticipación y los de recaudación propia, acompañaron a la inflación a buen ritmo, no así los gastos.

                         El principal rubro del gasto provincial está en las erogaciones en Personal. En 2021, el incremento fue cercano al 50%, significando una caída real del 1%. Según el IERAL, en los últimos cuatro años, los salarios estatales provinciales tuvieron una caída real del 7%. Es decir que perdieron contra la inflación.

                         En provincias altamente dependiente del empleo público, como la mayoría, esta circunstancia provoca que el superávit generalmente se configura a partir de la pérdida del salario contra la inflación. De acuerdo con los números dados, las provincias recaudaron por encima de la inflación, pero pagaron salarios por debajo. Resultado: superávit.

                         Es decir que, como corolario, tenemos estados provinciales ricos (es una manera de decir en un contexto de crisis) con pueblos pobres. Las provincias, no todas, pagan sus salarios en término, pero la gente está cada vez más pobre.

                         En este marco de análisis es que se producirán los incrementos de tarifas de los servicios públicos, que en la Nación servirá para disminuir su déficit y en algunas provincias aumentar sus superávits. ¿Aumentaremos el saldo positivo en las cuentas de Corrientes?, por lo menos es lo que sugiere el anuncio del incremento del 130% en las facturas de energía, a pesar de que no hay que trasladar a precios el gasto en distribución de la DPEC, que nunca estuvo subsidiado.

                         El Consenso Fiscal suscripto entre el Gobierno Nacional y los gobernadores, está en esa misma dinámica, habilita a las provincias a crear nuevos impuestos y subir las alícuotas de los existentes, para compensar la disminución en las transferencias discrecionales de fondos (que para Corrientes son insignificantes).

                         Está claro que las finanzas estatales no siempre reflejan el funcionamiento de la economía. Se pueden tener finanzas saneadas, un estado bien administrado en el equilibrio de sus recursos y gastos, pero en medio de una economía privada pequeña y estancada.

                         Cómo dato revelador, la balanza comercial nos confiere un instrumento de análisis de la salud de la economía privada de cada provincia. El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), informó que nueve provincias tienen superávit comercial (diferencia positiva entre exportaciones e importaciones), el resto están en negativo. Corrientes tiene un déficit en la balanza que está en alrededor de 500 millones de dólares, sobre todo por su lejanía del puerto de Buenos Aires.

                         Entonces, puede haber estados ricos (es una forma de expresión) en sus finanzas públicas, de hecho los hay, pero pobres en el funcionamiento de su economía. Es que el sistema ha generado que la pobreza se instale en determinadas regiones, como la nuestra, a pesar de administraciones provinciales eficientes, las que carecen de suficientes resortes para modificar las realidades económicas.

                         En el análisis macroeconómico, la inflación y la pobreza están determinando la crítica situación de la sociedad real, dónde la clase media pierde aceleradamente su nivel de vida, y los sectores de menores recursos están luchando en el límite de la subsistencia alimentaria.

                         Entonces, este verdadero oxímoron institucional de estados provinciales superavitarios en el marco de un estado nacional deficitario es el testimonio de un país contradictorio. Y tanto lo es si tenemos en cuenta ese otro oxímoron, el real, pueblo pobre en fiscos solventes.

                         Es cierto, los gobernadores no la tienen nada fácil en un país en el que la autoridad política está en disolución y la macroeconomía en terapia. Saben que la buena administración no alcanza. La pregunta es: ¿les queda otra?

                         Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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