
INVISIBILIZADOS
“El gobernante puede discutir las interpretaciones de la realidad; lo que no debería hacer es negar la realidad que viven los ciudadanos”
Hannah Arendt, “Los orígenes del totalitarismo”
***No son tiempos fáciles para los argentinos, en rigor nunca lo fueron. Sin embargo, el negacionismo presidencial a realidades que se viven a diario, postergan las medidas paliativas que pudieran instrumentarse. Desconocer la situación de las familias que no llegan a fin de mes, banalizando sus consecuencias, muestran un primer mandatario fuera de la realidad o, lo que es peor, sin la mínima sensibilidad para con sus administrados.
Milei dijo en mayo de 2024, a la salida de La Rural, que “si la gente no llegara a fin de mes, ya estaría muerta”. Lo reiteró el 4 de agosto de 2025 en la Fundación Faro, con la versión de las “calles llenas de cadáveres”. Días pasados lo repitió, calificando como “una pelotudez” la versión de que gran parte de la gente no llega a fin de mes, preguntándose: “cómo viven 10 días sin comer ni beber quienes se quedan sin plata el día 20”.
En realidad, quienes vivimos, y en parte sufrimos, bajo el mandato de Milei, no nos extraña. El presidente argentino es un negacionista de la primera hora en todo aquello que no le conviene, un reduccionista de la realidad, tanto que sus “justificaciones” o “explicaciones” rozan el simplismo casi infantil.
Porque llegar a fin de mes no significa permanecer con vida hasta el último día. Significa poder afrontar los gastos necesarios para vivir sin tener que endeudarse sistemáticamente, agotar los ahorros, postergar necesidades básicas o depender de la ayuda de familiares y amigos.
Una familia puede comer todos los días y, sin embargo, no llegar a fin de mes. Puede hacerlo comprando alimentos de menor calidad, eliminando la carne de su dieta, suspendiendo un tratamiento médico, acumulando facturas impagas o utilizando la tarjeta de crédito para comprar lo que antes pagaba con sus ingresos.
Sobrevive, sí. “Vivir” es poder construir una vida. “Sobrevivir” es conseguir mantenerse en pie
“El negacionismo o el reduccionismo presidencial, muestra no sólo un desconocimiento de la realidad sino a un primer mandatario totalmente anestesiado con la situación de las personas de carne y hueso”
Casi no vale la pena recurrir a encuestas para tener conciencia de esta dura realidad, alcanza con mirar al costado, al vecino, al amigo, al familiar, en su categoría de “sobrevivientes”. Baste con una: un relevamiento de Zentrix muestra que para dos de cada tres argentinos el ingreso disponible termina antes de completar el mes. Apenas un 9,3% consigue llegar al cierre del mes con capacidad de ahorro.
“Lo más común es el adelanto de sueldo. A mitad del mes los trabajadores piden adelanto”, expresó Salvador Femenía, vocero de la Confederación Argentina de Mediana Empresa (Came).
Una cosa es discutir la rigurosidad de un dato y otra, muy distinta, ridiculizar a quienes expresan dificultades cotidianas. La responsabilidad presidencial exige investigar esas señales, contrastarlas con información confiable y explicar qué políticas pueden corregirlas. No convertirlas en una disputa semántica para descalificarlas.
La inflación argentina se desaceleró considerablemente respecto de los niveles extraordinarios de fines de 2023. Es un logro que debe reconocerse.

Pero la desaceleración de los precios no significa que estos hayan vuelto a sus niveles anteriores. Significa que continúan aumentando a un ritmo menor. Y si los ingresos de los hogares no acompañan ese incremento, la capacidad de compra sigue deteriorándose o permanece bajo presión.
El problema se agrava cuando la contracción del consumo afecta a los comercios, las pequeñas empresas, la industria y las actividades que dependen del mercado interno. Menores ventas pueden traducirse en menos producción, menor inversión y pérdida de empleos. La recesión, cuando se prolonga, termina comprometiendo incluso las posibilidades de recuperación que promete la estabilización.
“Invisibilizar a los sobrevivientes no es un problema político, tampoco económico ni estadístico. Es un problema moral”
La fotografía de una familia endeudada para comprar alimentos, de un jubilado que debe elegir qué medicamento dejar de tomar o de un trabajador que posterga el pago de los servicios no aparece necesariamente en las estadísticas de inflación. Sin embargo, forma parte de la realidad económica del país.
¿De qué libertad efectiva dispone quien debe endeudarse para alimentarse? ¿Cuánto puede elegir una familia que tiene que decidir qué necesidad postergar porque el dinero no alcanza? ¿Qué autonomía conserva quien depende de la ayuda ajena para cubrir gastos esenciales?
Por supuesto, ningún gobierno puede garantizar que todos los ciudadanos tengan idénticos ingresos ni eliminar todas las dificultades económicas. Tampoco sería razonable sostener indefinidamente un Estado deficitario que financia sus desequilibrios mediante mecanismos que terminan perjudicando a la propia sociedad.
Pero entre ese Estado ineficiente y un mercado que distribuye oportunidades de manera profundamente desigual, existe un espacio para la política: construir reglas, promover la producción, generar empleo y proteger a quienes no cuentan con recursos suficientes para afrontar las contingencias de la vida.
Reducir el gasto público puede ser necesario. La cuestión es qué se recorta, quiénes soportan el costo y qué resultados se obtienen.
“Mientras no se reconozca la realidad, más lejos estamos de encontrar la solución. La vida de muchos argentinos, hoy, está limitada casi exclusivamente a conseguir comida. Invisibilizarlos es esconder la basura bajo la alfombra”
Un gobierno no debería evaluar su éxito únicamente por la inflación que consigue bajar, el superávit que obtiene o la confianza que despierta en los mercados. También debe responder por el empleo que genera, los ingresos que perciben los trabajadores, las oportunidades que ofrece a los jóvenes y la capacidad de los hogares para cubrir sus necesidades.
No alcanza con decir que la gente todavía come. Hay que preguntar qué come, cómo paga lo que consume, qué necesidades posterga y cuánto le cuesta llegar al próximo sueldo.
Porque una sociedad no puede juzgarse por su capacidad de soportar privaciones, sino por las oportunidades que ofrece para superarlas.
Y esa es la cuestión que el presidente debería responder, en lugar de discutir el significado de una expresión cotidiana.
Que una familia consiga sobrevivir no demuestra que la economía funcione bien. Puede demostrar, simplemente, hasta dónde es capaz de sacrificarse para sobrevivir.
Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI
