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A RECINTO LLENO O SEMIVACÍO

DISCURSOS EN LA ONU

“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”

Presidente Lula Da Silva

***Los discursos pronunciados en el marco de la Asamblea General de la ONU, evidenciaron las diferencias entre una diplomacia de pantalones largos, que llenó las butacas del recinto, de aquella del mejor alumno, que produjo un auditorio llamativamente semivacío. La sintonía ideológica y el intercambio de elogios no tienen impacto en los prolijos pasillos de Wall Street, dónde cuentan realidades contantes y sonantes.

                   El plenario de las Naciones Unidas volvió a mostrar el mapa del poder global.

                   La apertura de la Asamblea General de la ONU enfrentó visiones y expuso la realidad de una Argentina que confunde subordinación ideológica con estrategia geopolítica.

                   En Nueva York quedó clara la diferencia entre un líder regional consolidado y la estridencia solitaria de nuestro experimento local. La escena reveló, además, cuánto pesan la autonomía y la consistencia diplomática.

                   El contraste inicial lo aportaron los dos gigantes del continente, al exponer el abismo entre el multilateralismo defensivo del Sur Global y la política unilateral de la fuerza.

                   Luiz Inácio Lula da Silva utilizó el estrado para defender la autonomía. Aun reconociendo la parálisis institucional de la ONU, exigió reformas estructurales para que el Consejo de Seguridad no mantenga al planeta rehén del veto de los más poderosos.

                   Habló ante un recinto colmado de delegaciones, acorde con el peso geopolítico y económico que Brasil ha construido en Sudamérica y en los foros internacionales.

                   La respuesta de Donald Trump, pocas horas después, validó precisamente esa lógica del garrote.

                   Desde el púlpito de la soberanía absoluta y bajo la bandera de “América Primero”, el mandatario estadounidense no habló de consensos ni de comités internacionales, sino de disuasión militar, ultimátums económicos y un retorno sin concesiones al nacionalismo duro.

“Autonomía y multialineamiento fue la posición de Lula; seguidismo casi escolar a las políticas de Trump”, lo de Milei. Los elogios en Truth Social, no cuentan al momento de los bifes” 

                   Para la mirada transaccional de Trump, el mundo se divide entre los que imponen las reglas y los que deben someterse a ellas. Es en esa taxonomía del poder que la noción del “patio trasero” recupera toda su vigencia estructural.

                   Es en este tablero donde se agiganta la diferencia entre la política exterior de Brasil y la de la Argentina actual.

                   Lula practica un pragmatismo de “multialineamiento y cobertura”, negociando con Washington cuando le conviene, pero defendiendo su autonomía y sus alianzas dentro de los BRICS y el Mercosur. Frente a las presiones arancelarias norteamericanas, Brasil responde plantando posición y haciendo valer su peso específico.

                   Milei, en cambio, ha optado por el “seguidismo” absoluto, una política de alineamiento ciego e incondicional con los Estados Unidos que roza la devoción. Sobreactúa la simpatía ideológica y vota en consonancia con los intereses de Washington, pensando que ello se traducirá mágicamente en una lluvia de inversiones.

                   La contraescala de este alineamiento quedó retratada en las imágenes: Milei pronunció su encendido discurso ante un auditorio llamativamente casi vacío. Lula había hablado ante un recinto lleno de delegaciones internacionales.

                   El contraste expuso una verdad incómoda: la estridencia ideológica puede atraer atención en las redes sociales, pero en la diplomacia real de los Estados con peso, la sobreactuación suele generar indiferencia.

                   La cruda realidad económica demuestra lo poco, casi nada, que la Argentina ha conseguido con esta estrategia. Sacando el swap cambiario por U$S 20.000 que Scott Bensent arrojó a Milei como salvavidas electoral en 2025 (de los que Argentina utilizó sólo 2,500 y los devolvió totalmente), los beneficios concretos brillan por su ausencia.

                   Si bien se firmó un documento más entre Quirno y el subsecretario Landau, para la iniciativa conocida como el Corredor Andes-Atlántico (Eximbank hasta U$S 7.000 millones), todavía sigue en los documentos.

“La paradoja es dolorosa. Brasil se para frente al mundo como un estado soberano, Argentina solo puede agitar la patética bandera del alineamiento acrítico”

                   El emblemático Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco (ARTI) duerme el sueño de los justos en un Congreso que lo resiste por sus asimetrías destructivas para las PyMEs y los laboratorios locales.

                   Y frente a esa parálisis, la Casa Blanca de Trump no muestra la menor flexibilidad: las reglas norteamericanas se aceptan a libro cerrado o el pacto se cae.

                   No hay premios por buena conducta en el capitalismo de Wall Street; sólo contratos de alta rentabilidad que exigen garantías leoninas para enclaves extractivos como Vaca Muerta, mientras la economía real de nuestras ciudades sigue huérfana de desembolsos tangibles.

                   Para peor, el actuado e histriónico discurso de Milei ante ese auditorio desierto no hizo más que dinamitar los puentes diplomáticos que quedaban en pie con otros actores de peso.

                   Su endurecimiento discursivo en torno a la causa Malvinas no logró conmover a Londres. Al contrario, la Cancillería británica cruzó de inmediato los términos presidenciales, ratificando la legitimidad de sus operaciones hidrocarburíferas y blindando el “derecho a la autodeterminación” de los isleños.

“Al presidente Milei le urgen concreciones de las promesas trumpianas. Algo logró, todavía en el plano de los papeles. Aun cuando ello no le garantice la reelección, podría ser un viento a favor hacia 2027”

                   Lejos de acercarnos a una mesa de negociación constructiva, esta sobreactuación coloca cualquier avance soberano en el horizonte más lejano y estéril de los últimos años, reduciendo un reclamo histórico a un mero insumo de consumo interno para las próximas elecciones legislativas.

                   La paradoja es completa y dolorosa. Mientras Brasil se para frente al mundo como un Estado soberano que exige respeto y preserva el entramado industrial del Mercosur que sostiene el empleo de su gente, la Argentina se autopercibe como un faro global de la libertad pero actúa, bajo la mirada de Trump, como el inquilino más dócil del patio trasero.

                   Hemos entregado la soberanía regulatoria, tensionado las relaciones con nuestros socios regionales más importantes y cerrado las puertas a la diplomacia inteligente, todo a cambio de palmaditas en la espalda en las redes sociales y promesas financieras que nunca terminan de cruzar la intención.

                   Si el seguidismo ciego no empieza a facturar realidades en el corto plazo, la historia registrará este período como el momento en que la Argentina cambió su dignidad internacional por una foto sonriente en el Salón Oval, quedándose finalmente sin los dólares de Washington y con las urnas de las ciudades cargadas de incertidumbre.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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