#COLUMNASIMONETTI DNU Milei plan de gobierno

HAY GOBIERNO, ¿HAY REPÚBLICA?

DIÁLOGO, AUTORIDAD, PLAN

“Si no es todo, es nada. ¡El cambio en marcha, a toda velocidad!”

Patricia Bullrich

*En la segunda semana del flamante gobierno, ya comienzan a advertirse algunas líneas de gestión que son positivas. Primero, diálogo institucional (con todos los gobernadores); segundo, presencia activa de la autoridad pública; tercero, un plan de gobierno. No es poco, aunque se abra el capítulo de la constitucionalidad del DNU.

**Desde España, Alberto Fernández salió a advertir que la república está en peligro. Una buena señal para Milei de que las cosas comienzan a mejorar.

***Una gigantesca desregulación fue anunciada por el flamante mandatario. Correrá bastante agua bajo el puente para que las medidas que en definitiva se concreten, puedan afianzar un mejoramiento en la situación de la gente.

                   Hay diálogo institucional, hay ejercicio de la autoridad pública, hay plan de gobierno. Es lo que marcó la segunda semana del gobierno de Javier Milei. Como se diría en lenguaje basquetbolístico, la novel gestión se dio el gusto de marcar un triple doble en su debut, lo que significa un comienzo promisorio.

                   Reunión con los gobernadores el martes, marcha piquetera el día miércoles y por la noche de ese mismo día, mensaje en cadena nacional del presidente de la nación, anunciando su plan de gobierno, contenido en un mega DNU.

                   Hay que decir, en primer lugar, que Milei juega con la suerte del novato. Tuvo un aliado impensado, uno que por contradicción le está marcando que sus pasos van en buena dirección.

                   Ese aliado es, nada más ni nada menos, el expresidente Alberto Fernández, que apareció desde España para criticarlo: “la república está en riesgo”, dijo sin que se le mueva un músculo de la cara, como si riesgo no hubiera significado tener en la lista de desaparecidos a un presidente que se “borró”, literalmente.

                    La primera impresión que me entregó esta semana, fue que, por fin, tenemos a alguien a cargo, luego de tanto tiempo de preguntarnos ¿dónde está el piloto? mientras el barco se mecía violentamente en aguas descontroladas. Ahora sí identificamos al piloto, y sabemos el puerto adónde pretende ir.

                   Son tres las cuestiones que me interesan destacar de esta nueva etapa, sin entrar al análisis legalidad y los detalles finos de las medidas y de los acontecimientos. Tres cuestiones que identifican que nuevamente comenzamos a estar en un país con cierta normalidad, aunque la herencia no es nada normal.

                   La reunión del presidente con la totalidad de los gobernadores, sin distinción de banderas partidarias, en la que se les comunicó diversas medidas que tienen que ver con sus respectivos distritos, es una señal incontrastable que comienza a existir una dinámica que parecía olvidada: el diálogo institucional.

                   ¿Por qué es importante esto? Primero porque se elimina la inercia del gobierno kirchnerista, de ejercitar el “federalismo de amigos”, dónde los fondos se repartían de manera discrecional, beneficiando a los propios y perjudicando a los extraños. Si lo sabremos los correntinos.

                   Segundo, porque el diálogo institucional, tan ausente con la anemia albertista y la soberbia cristinista, es el modo de prevenir problemas y llevar adelante, de manera civilizada un gobierno verdaderamente federal

                   Supongo que esta mecánica dialoguista se extenderá a otros poderes y autoridades del estado, como el Congreso, que permitirá salir de la lógica amigo-enemigo, sin que por ello cada estamento no deba ejercer la labor a la que constitucionalmente está llamado.

                   La segunda cuestión para remarcar es la reaparición de la autoridad legal en la vía pública. Luego de muchos años de descontrol, de desentendimiento gubernamental, de la imposición de la petulancia piquetera sobre los ciudadanos de a pie, comenzamos nuevamente a identificar a un estado que tiene normas, procedimientos y la fuerza de la ley.

                   Es cierto, con la intervención de las fuerzas de seguridad siempre se camina por el estrecho sendero de la incertidumbre. Argentina es un país desacostumbrado a  tener una autoridad protectora de los derechos de los demás, pero se advierte una decisión gubernamental de salir del estado de anomia y cumplir con aquello que se debe cumplir.

                   Afortunadamente, con una ministra con experiencia, decisión y buena planificación del manejo de la calle, se llevó adelante la marcha piquetera, dónde las condiciones las determinaron las autoridades no los marchantes, en función del protocolo aprobado. No hubo incidentes mayores. El derecho a protestar se respetó, en el marco de la protección a los derechos de terceros.

                   La tercera expresión evidente de un cambio de paradigma, es que ahora, por fin, tenemos un plan de gobierno, algo de lo que carecimos años y años. Podrá gustarnos o no, podemos disentir en su totalidad o de manera parcial con las medidas, pero sabemos el rumbo al que vamos, un rumbo que, para mejor o para peor, fue votado por el pueblo argentino hacen apenas treinta días.

                   Es cierto que las medidas adoptadas a través de un único instrumento, el Decreto de Necesidad y Urgencia, interpela duramente a las formas republicanas, porque son evidentes las fallas no sólo de orden formal sino fundamentalmente de tipo constitucional en cuánto a la división de poderes.

                   Dicho esto, hay que remarcar que es eso lo que se votó, es el plan Milei el que obtuvo más del 56 por ciento de apoyo ciudadano, no es el plan de Alberto y Cristina, tampoco el de Del Caño y Bergman que, con un magro 2 por ciento, estaban en la manifestación cómo si fueran los elegidos por sus conciudadanos para imponer sus ideas colectivistas.

                   En el discurso del presidente, que duró quince minutos nada más y nada menos, se anunció el dictado de un mega decreto con una larga lista de modificaciones, muchas de las cuales son de indudable competencia legislativa, lo que ya trae iniciales obstáculos.

                   El sentido general de las medidas anunciadas, que constituyen un verdadero “plan”, es el de la desregulación no sólo de la economía, sino de muchas actividades, que, según sus diseñadores, tienen como objetivo abrir los mercados, fomentar la libertad de contratación, incentivar la competitividad, simplificar la relación de los privados y el estado, suprimir la discrecionalidad y, finalmente, generar la recuperación económica de la sociedad.

                   Tal como dijera en otro artículo, se comienza a abrir una verdadera caja de pandora, cuyos detalles se verán con el transcurso de los días, que seguramente producirán reacciones de todo tipo, fácticas, legales, políticas, sociales.

                   Por lo pronto, la república comienza a funcionar de un modo al que no estamos acostumbrados. El Congreso deberá pronunciarse en cuánto a la validez del decreto ómnibus, si no lo rechaza es ley. La Justicia seguramente deberá sentenciar ante la infinidad de planteos que se producirán, nada que deba espantarnos.

                   En lo personal, debo decir que no lo he votado a Milei, tampoco al populismo. Más, independientemente de mis observaciones en cuánto a una política extremadamente liberal, se están dejando en claro conceptos que pareciera que los teníamos absolutamente olvidados o perdidos: un plan de gobierno, el diálogo institucional y la presencia de la autoridad pública para protección de todos.

                   ¿Eso es todo? Obviamente que no. Vendrán luego las medidas puntuales en cada sector, las idas y vueltas en punto a cada decisión, los planteos sindicales, las movidas sociales, los debates legislativos, los pronunciamientos judiciales. Todo vale, con tal de que lo hagamos en el marco de la institucionalidad.

                   Por lo pronto, tenemos gobierno, tenemos plan, tenemos autoridad pública, tenemos diálogo institucional. Es bastante, no?

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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