#COLUMNASIMONETTI grieta Milei

SI NO SOS LIBERTARIO, SOS COMUNISTA

LA NUEVA GRIETA

“Para Milei, como para Cristina Kirchner, el mundo se divide entre enemigos y súbditos”

Pola Oloixarac, La Nación

*Si Milei gana, una nueva grieta se abrirá en un país acostumbrado a las divisiones estériles. Tomando la metodología kirchnerista, el desgreñado divide a la sociedad entre libertarios y comunistas. Con un alto grado de violencia retórica, su visión maniquea nos puede desbarrancar definitivamente.

**“Zurdo de m…” o “burro” es todo aquél que no coincide con sus propuestas. Sócrates, el de “sólo sé que no sé nada”, es la contracara del “sabio” Milei.

***Lo que hace Milei es un macartismo retórico color sepia. El asunto es que lo traslade a un eventual ejercicio del poder.

                   Entre 1950 y 1956, se desarrolló en los Estados Unidos un extendido período de persecución contra personas, con acusaciones de deslealtad, comunismo, subversión o traición a la patria. El mismo fue impulsado por el senador republicano Joseph McCarthy.

                   De allí, es que se denomina “macartismo” a la práctica política de descalificar al adversario con acusaciones de “comunistas” o “zurdos”.

                   En la Argentina de hoy, se reactualiza el debate acerca de acusaciones apocalípticas (“zurdos de m…”) que se formulan en el campo político, que tienden a construir una nueva división de la sociedad.

                   Un término que va quedando viejo, la “casta”, acuñado en la segunda década del siglo XXI para definir la división entre kirchnerismo y antikirchnerismo, parece formar parte del ADN nacional, que viene desde el fondo de nuestra historia.

                   ¿Qué otra cosa, sino grieta, fue la división entre federales y unitarios del siglo XIX? La misma trascendió la mera discrepancia sobre el modelo de un país naciente, para enterrar sus raíces en la cultura y las relaciones de la época.

                   Sucedió lo propio con el peronismo y antiperonismo que proyectó, de alguna manera, sus sombras sobre el presente, aunque el general haya tenido un cambio en el invierno de sus días.

                    El matrimonio del sur supo construir su propia antinomia, la que se denominaría “grieta” por creación de Lanata, un fenómeno que nació, creció y se desarrolló en la primera dos décadas del siglo, y que comienza a dar signos de senectud.

                   En mis columnas he sostenido que el enfrentamiento político, social, cultural y familiar que constituye la “grieta”, no nace en la sociedad, ésta sólo se mimetiza con la posición de los líderes circunstanciales de su tiempo.

                   Es decir, que la trinchera se genera arriba, en el líder, y se transmite hacia abajo, a la gente, que no sólo se posiciona a cada lado, sino que adopta la beligerancia del conductor.

                   Un líder autocrático, un discurso hegemónico, la oficialización de una verdad única y la gobernanza a través de la lógica amigo/enemigo, son los condimentos primarios del populismo autoritario y de la división social.

                   No fue la concepción de un país autonómico o unitario lo que dividió ferozmente a una Argentina que todavía no nacía, fue el mensaje violento, disolvente y confrontativo del Restaurador, Juan Manuel de Rosas, que, obviamente, generaba adeptos y enemigos.

                   La “justicia social” del peronismo tal vez no haya sido el fundamento de la antinomia del siglo pasado, sino la forma de aplicarla y la retórica hostil del ejecutante.

                   Cuando, gobierno de Menem mediante, la confrontación que más tiempo dividió a la sociedad argentina, peronismo-antiperonismo, comenzó a diluirse a la luz de nuevos actores y concepciones, desde la zona austral del país apareció un agazapado gobernador que hizo de la división un magnífico negocio político.

                   Néstor Kirchner trajo la épica de los setenta, la reactualizó y, en función de esos parámetros, realineó a la sociedad argentina. Cristina no sería sino una ejecutante implacable de la estrategia nestorista.

                   Languideciendo la gestión o no gestión de Alberto Fernández, parecía que la veinteañera grieta seguiría cumpliendo más años, soplando las velitas electorales de dos espacios que venían confrontando: el kirchnerismo y JxC.

                   Pero, ¡oh sorpresa!, apareció un tercer actor, que comenzaría a generar el escenario de tercios descripto por Cristina, pero con la proyección confrontativa de una trinchera distinta: Javier Milei y su La Libertad Avanza.

                   Con ideas nuevas que son viejas, el desgreñado se dio cuenta, más por temperamento que por cálculo, que la matriz kirchnerista le servía: la creación de enemigos, un discurso confrontativo, a lo que le agregó de cosecha propia un vocabulario que no es, propiamente, el que nos enseñan en la escuela.

                   Con metodología moderna, principalmente a través del uso del armamento cibernético, comenzó a generar una campaña de penetración con consignas tan contundentes como imprecisas, que encontraron el campo orégano en una sociedad cansada de los debilidades de los gobiernos de “la casta”.

                   Pero, nadie se pelea con su hermano porque cree que la inflación es un fenómeno monetario ni deja de verse con su amigo de la secundaria porque considera que hay que unificar el tipo de cambio o dolarizar.

                   La grieta es moral, pero nace en la verba agresiva del individuo, su desparpajo para hacer anuncios altisonantes de alto impacto sin que se le mueva un pelo de su desordenada cabellera, la creación de nuevas reglas del pensamiento social, que se oficializarán si es presidente.

                   Del kirchnerismo tomó el continente, el método, el mecanismo, y le agregó el contenido propio. Los enemigos ya no son los empresarios avaros, el imperialismo yanqui, los medios hegemónicos, las fuerzas económicas que tienen el verdadero poder.

                   Con una retórica confusa pero impactante, atrasó el reloj de la historia y volvió tantísimos años atrás, declarando al comunismo, casi desaparecido a través de la disolución de la Unión Soviética, como “el enemigo” al cual hay que eliminar, al mejor estilo macartista.

                    A ello le agregó la tirria libertaria contra el keynesianismo, que no es comunismo, y generó un “Frankestein” que le sirve como “punching ball” para su campaña.

                   De adjetivación fácil, le gusta a Milei descalificar al adversario tratándolos de “burros”. En realidad, “burros” son todos los que le discuten su mescolanza de libertad y autoritarismo, de anticomunismo con antikeynesianismo.

                   Así que, la nueva grieta divide a la sociedad entre libertarios y comunistas, inteligentes (los libertarios) y burros (los no libertarios), una construcción ideológica propia de un extremismo adolescente que refleja su inmaduro temperamento

                   Tal vez, debería adoptar una actitud más socrática, notando que no es él, precisamente, el kilómetro cero de la sabiduría, que su ideología mezclada como guiso carrero, su amputada concepción del lóbulo republicano, constituyen advertencias de que nadie gobierna sólo y, menos aún, sabe todo lo que hay que saber para gobernar.

                   Si desde el llano, el mensaje es altamente agresivo, la presunta es ¿qué podrá hacer desde el poder? No creo que calmar las aguas, sino tomar los instrumentos del mando institucional para ejercer un autoritarismo todo terreno, que arremeta contra todo aquello que no coincida con su pensamiento. Ésto último es lo que probablemente suceda si gana las elecciones.

                   En la película “El secreto de sus ojos”, el delincuente es descubierto por su “pasión futbolera”, la pulsion que una persona no puede cambiar. Parafraseando el film, diría que tampoco se puede cambiar el temperamento, y Milei seguirá siendo Milei en el poder como en el llano.

                    Por lo pronto, sabemos que los réprobos son los que piensan distinto. Falta conocer si los echará de su cielo.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

 

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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