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CRISTINA, SU METAVERSO Y SU AVATAR

DÍA DE LA DEMOCRACIA

“Democracia: en tus aulas aprendí a diferenciar la autoridad del autoritarismo, el pensamiento plural de la uniformidad alienante, entendí que la solidaridad humana sólo tiene valor cuando compartimos lo que es propio, que no es con monedas de libertad que debemos pagar a los poderosos de turno el precio de la propia dignidad, que el trabajo y no la dádiva nos confiere la ciudadanía completa en tus dominios”

Jorge Eduardo Simonetti, “Las zonas oscuras de la democracia”, 2020

*Cristina y Alberto, el kirchnerismo en general, están muy lejos de representar los mejores valores de la democracia. El acto del 10, sectario y autorreferencial, fue financiado con decenas de millones del dinero público, una prueba más del cinismo gubernamental.

**La insistencia en un relato acomodado a las necesidades de su mentora, demuestra el  punto al que puede llegar el pánico por el castigo penal.

***Cristina pretendió construir su avatar con la personalidad de sus invitados, Mujica y Lula. Sin embargo, las distancias son siderales, tanto en el don de gente del Pepe como en las proporciones de la corrupción brasileña, a años luz del saqueo argentino.

                               El “relato” es una construcción de gobiernos o sectores políticos, que persigue encausar la visión colectiva tras un conjunto de principios y sucesos. Todos, en mayor o menor medida, intentaron encolumnar a la ciudadanía detrás de una épica, aunque, existe una gran diferencia entre el relato con un núcleo de verdad, de aquél que constituye una pantalla para encubrir la mentira.

                               La pregunta es si el relato se impone al dato objetivo, o viceversa: “dato mata relato”. ¿Puede la mentira sobreponerse a la verdad demostrada? ¿Pueden los ciudadanos estar en medio de una sugestión colectiva, para creer que todo lo que el pastor predica es verdadero, aunque sean temas poco creíbles o enteras mentiras?

                               La respuesta es afirmativa, sobre todo en una sociedad como la nuestra que está signada por los sesgos políticos que imponen los mandones de turno. La fe, el fanatismo, el oscurantismo, reemplaza a la visión objetiva. Todos tomamos parte, de un lado o del otro, no nos importa dónde se ubique la verdad.

                               El festejo del Día de la Democracia organizado por el gobierno mostró las verdaderas hilachas que asoman bajo la vestidura kirchnerista. Fue un acto sectario, de ensimismamiento, sin pluralidad democrática, organizado para seguir con la mística del relato mentiroso, de la autocracia plena, utilizando el paraguas de los derechos humanos que les llovía por todos lados.

                               “Vamos a reventar la plaza” dijo el vástago que dirige La Cámpora, aunque no aclaró que lo iban a hacer con toda la logística, transporte, comida, obsequios, etc., pagados con dineros públicos en varias decenas de millones de pesos.

                               No invitaron a Hebe de Bonafini, tampoco a la CGT. De lejos, el propio Hugo Moyano miraba el acto de Plaza de Mayo con una sonrisa sardónica, ellos días antes lograron reunir 60.000 personas en el mismo lugar, cuando apenas el 10 de diciembre estuvieron 20.000, todo según datos de la policía federal.

                               Lo cierto y concreto es que el oficialismo parece estar abstraído en su mundo artificial, creado para infundir ánimo a la tropa propia, pero totalmente alejado de las realidades puras y duras, como la crisis inmensa que padece el país que gobiernan y la dura derrota electoral del 14 de noviembre pasado.

                               Cristina ha creado su “metaverso”, en el que conviven avatares que simulan realidades virtuales y construyen un mundo propio alejado de los hechos.

                               ¿Qué es el “metaverso”? Es un acrónimo de “meta” (trascendente) y “verso” (referido al universo). Los “metaversos” son entornos virtuales, dónde los humanos interactúan como “avatares”, a través de un soporte lógico en un ciberespacio, el que actúa como una metáfora del mundo real. El “avatar” es la representación gráfica de un “usuario”, creado para intervenir en ese entorno virtual, puede ser una figura, fotografía, ícono, gift.

                               En suma, el “metaverso” es una realidad “artificial” inventada por los humanos a su gusto y paladar, y el “avatar” es la representación del individuo en ese ámbito irreal. Por lo contrario, el “universo” son los hechos reales, las personas se presentan tal cual son, sin los “arreglos” del “avatar” del mundo artificial.

                               Con el acto del 10 de diciembre, quedó una vez más blanco sobre negro el “metaverso” que Cristina nos induce a creer a los argentinos, violentando los hechos y presentándose como víctima del sistema.

                               Cristina tiene su relato, construye su épica política sobre la base de verdades parciales y enteras mentiras. Es ése su “metaverso”, donde su propio avatar es el de una inocente justiciera perseguida por la perversidad del universo.

                               En el acto del 10 de diciembre estaban presentes Lula y Mujica, ex presidentes de Brasil y Uruguay respectivamente. Ambos, fueron aprovechados por Cristina para trasfundir su avatar.

                               Cuando Cristina está al lado del uruguayo, intenta dotar a su figura virtual con el halo de honestidad y de bondad que trasmite el “Pepe”, cuando en el mundo real su persona está identificada con la confrontación, la psicopatía y el saqueo.

                               Cuando lo hace con Lula, su avatar pretende asimilarse al expresidente brasileño en orden a la persecución judicial del “progresismo” del continente. Pero, la diferencia es sideral con Lula, comparando la calidad y cantidad de “delitos” imputados.

                               La acusación de cohecho pasivo contra Lula estaba relacionada con la tenencia de un departamento en San Pablo que habría sido obsequio de la empresa Odebrecht. Lula cumplió casi dos años de prisión efectiva antes que la Corte declarara la nulidad de sus procesos ordenando nuevos juicios.

                               Cristina ni siguiera llegó a juicio, sus “jueces” pararon los juicios orales en tres causas, lo que constituyó un escándalo jurídico que todavía no se acalla. Las acusaciones que pesan sobre la pasionaria del Calafate no son de tener un departamento producto de un presunto cohecho, sino de llevarse montañas de dinero público, a través de calesitas en la obra pública, bolsos transportados en aviones hacia su residencia santacruceña, y otros menesteres que son prueba de una rutina de robo organizado y sistemático.

                               Pero el metaverso virtual no es el universo real ni los avatares la representación de las realidades personales.

                               En el Día de la Democracia, el sector oficialista se apropió del festejo con un acto partidario y sectario. Lo único que demostraron es lo lejanos que están los cristinistas del concepto virtuoso de la democracia, que no admite apropiaciones indebidas ni relatos mentirosos.

                               Es más, convocar a un gran acuerdo nacional argentino, como lo hizo la expresidenta, criticando de manera sarcástica a la oposición y remarcando su verbo confrontativo, es como invitar al diálogo y a la paz con el cuchillo entre los dientes y el revólver en la cintura.

                               Solamente conocen el látigo como instrumento de su autoproclamada democracia, la pluma es para atacar, la palabra sólo para confrontar, los gestos para infundir temor. Ese es el ADN oficialista, grabado a fuego por la psicopatía de su mentora.

                               Cuánto tiempo podrá escapar de la justicia a través del metaverso y de su avatar de niña pura y casta, tanto como lo permitan las instituciones de la república.

                               Mientras tanto el presidente nos confunde con la variedad de sus discursos, tantos como públicos enfrente, construyendo para cada ocasión un metaverso distinto.

                                                Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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