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LA BOMBA POPULISTA

MAS PERONISMO Y SHOCK DE CONSUMO

“Los demagogos sociales emplean las promesas del estado benefactor y de la política inflacionaria para seducir a las masas y cuesta advertir a la gente de modo convincente acerca del precio que todos habrán de pagar al final.”
Wilhelm Röpke

*La combinación de medidas electoralistas económicas y sanitarias para los próximos sesenta días, llevan al país a la tensión del populismo extremo, una suerte de bomba con espoleta de retardo que puede explotar en el verano.

**El funcionamiento a pleno de la máquina de fabricar papel moneda para distribuir en campaña, y el jubileo en materia de restricciones sanitarias, son el producto de una dirigencia que no duda en poner a la sociedad al borde del precipicio.

***Nunca se alcanzó tamaña desvergüenza de exponer sin ambages la intención demagógica de comprar voluntades electorales con papel pintado y el levantamiento de las restricciones sanitarias, un combo criminal muy peligroso.

                               “Se viene el estallido, se viene el estallido, de mi guitarra, de tu gobierno también” suena el tema de la Bersuit Vergarabat, traído a cuento con notable oportunidad.

                               A la derrota del oficialismo y el conjunto de medidas electoralistas lanzadas por el gobierno para recuperar terreno en las generales del mes de noviembre, pueden dárseles dos lecturas, ambas negativas para la salud del sistema.

                               La primera, es la escasa utilidad de las PASO para ordenar y democratizar la oferta electoral, siendo en realidad una cara encuesta de candidatos y sectores que pagamos todos los argentinos, sin un beneficio claro que justifique la eliminación del sistema de internas a cargo de cada partido.

                               La segunda es aquélla que, en el supuesto de derrota oficialista como ahora, produce un fuerte estímulo en los funcionarios para instrumentar la cara más expuesta de la demagogia gubernamental, lanzando sin disimulo un plan de sesenta días para la “compra de voluntades electorales” con el objeto de captar votos con dinero impreso de apuro.

                               Lo que sucedió en esta semana es una demostración de esto último.

                               La sociedad toda se vio obligada a funcionar como plateísta del primer acto de una farsa que duró 120 horas. Sus protagonistas: la mejor actriz dramática que dio la Argentina (lo que se perdió Spilberg) y su encumbrado bufón (lo que se perdió Luis XIV), como actores principales, acompañados en el reparto por conocidos correveidiles de los más altos niveles de la política vernácula, con actuaciones que se inscriben en lo más granado del gran teatro nacional.

                               Ahora se viene el segundo acto y la definición del drama, en el que el pueblo argentino ya no oficia como espectador sino como víctima de un montaje multimillonario de dispendio del dinero público, con la consigna de “pan para sesenta días, hambre para los años siguientes”.

                               Normalmente, cuando la política miente, intenta por lo menos ocultar o disimular las mentiras. Es una cuestión de pudor elemental, casi como una regla mafiosa.

                               Pocas veces, que yo recuerde, los políticos, en este caso los que manejan el estado, son tan explícitos y desvergonzados en el engaño a cara descubierta: “hicimos un gobierno desastroso durante 21 meses, pero les vamos a repartir caramelos durante 2 meses para que se olviden y nos voten”. Entre eso y los espejitos de colores que los conquistadores (el oficialismo) repartiera a los aborígenes (nosotros), no hay diferencia alguna. ¡Disimulen, che!

                               Luego de las peripecias tragicómicas del teatro kirchnerista, el sábado antepasado se reunieron en La Rioja el llamado presidente con los gobernadores peronistas.

                               Piensan que perdieron las elecciones PASO por la razón económica (pérdida del poder adquisitivo del salario, alta inflación, caída de la economía) y por las medidas restrictivas de la pandemia.

                               ¿La consigna de la reunión?: rectificar rumbos equivocados y corregir políticas…(¡ja, ja, ja…mentira!). Con la mejor cara de piedra, se reunieron para planificar la manera de engañar al pueblo argentino en 60 días.

                               ¿Y cuáles fueron las tácticas pergeñadas por los maestros de la distracción y el engaño?: fueron dos, ambas muy obvias, poco imaginativas: más peronismo (lo que traducido al español binario significa más populismo) y un shock de consumo (en términos de la ciencia económica argentina: fabricar más papel pintado para meterse en los bolsillos de los incautos).

                               Primero, conformaron un gabinete “vintage”, con el regreso de muchos “muertos vivos” al equipo gubernamental, entre ellos el inefable Aníbal Fernández, mariscal de la derrota electoral en Provincia de Buenos Aires en 2015, el multiperdedor de elecciones Daniel Filmus, y el protagonista de las “urnas quemadas”, el cristiano maronita y ferviente antiabortista Jesús Manzur.

                               Si tuvieron que recurrir a gente “quemada” por sus actuaciones anteriores, es prueba que al kirchnerismo no le funcionan las “inferiores”, no tiene banco, los pibes de La Cámpora no están a la altura. Parece también que su pregonado “feminismo” es de “pico pa fuera”, nada dijo la ministra del área ante el copamiento casi total de un gabinete de machos otoñales.

                               Para completar la estrategia demagógica, anunciaron una serie de medidas que se inscriben en la más grave subestimación de la inteligencia de los argentinos y en un insulto a las buenas prácticas que deberían tener los que manejan los asuntos públicos.

                               Gambeteando su condición de campeones de las restricciones de la cuarentena (cuyo resultado fue hasta ahora de ciento veinte mil muertos), por arte de magia declaran al país “libre de virus” a partir del 1° de octubre, abriendo casi totalmente las actividades, descartando el uso de barbijo al aire libre y el ingreso casi irrestricto de extranjeros. La variante “Delta”, bien gracias. ¿Cambiaron de criterio? No: necesitan votos.

                               A la par, el shock de consumo de sesenta días funciona como el remanido pero no menos peligroso: “vamos a tirar la casa por la ventana”, disponiendo aumento del salario mínimo, un bono extra para jubilados, algunos cientos de miles de planes más, probablemente el restablecimiento del IFE, un Ahora 12 remozado, y una serie de medidas económicas que van a importar un aumento del gasto público del 1,3 PBI hasta fin de año, lo que equivale a un monto de 550.000 millones de pesos. La maquinita funcionando a “full”.

                               Obviamente, ambas cuestiones no sólo son de neto corte populista, sino que constituyen un mecanismo de relojería de una bomba preparada para estallar en el verano: inflación desbocada, dólar desatado sin reservas para controlarlo, déficit fiscal por las nubes, y, en lo sanitario, posibilidad de enfrentar meses dramáticos por el relajamiento total de las medidas de prevención y con una campaña de vacunación atrasada.

                               Estamos en presencia del más descarado intento demagógico de entregar el “pan para hoy” y convertirlo en el “hambre para mañana”, desconociendo que si perdieron las PASO es que el desarrollo de su capacidad de engaño es inversamente proporcional al progreso de la inteligencia popular.

                               Dijo Tzvetan Todorov que “la ética se funda en la relación con los demás seres humanos. Implica un respeto. Y entonces no se deben usar medios indignos. Eso vale para un hombre, para una mujer, para cualquiera…Pero en el espacio público considero que practicar la demagogia populista en una suerte de discurso oscuro con apariencias de profundidad, transgrede un contrato.”

                               Y es esto lo que está haciendo el gobierno para ganar las elecciones, romper el contrato moral con la sociedad.

                               Podrán ganar votos o no, pero en cualquier caso colocan al país al borde del estallido económico y sanitario con una demagogia criminal.

                               La Bersuit, como una suerte de premonición, termina su tema con un “Se viene el estallido…volvió la mala, fue corta la primavera, cerdos miserables comiendo lo que nos queda”.

                                         Dr. Jorge Eduardo Simonetti

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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