#COLUMNASIMONETTI Massa Milei primera vuela electoral

ARGENTITANIC

PRIMERA VUELTA ELECTORAL

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”

Dicho popular

*Penúltima estación de este verdadero vía crucis electoral. Massa, con todo el peso del dinero público, fue el primero. Lo siguió Milei. Entre ambos dirimirán la presidencia en segunda vuelta. En esta Argentina de crisis terminal, elegir al menor malo es la opción. Y rezar.

**Ni la corrupción ni las instituciones republicanas pesaron en la decisión. Es tal la debacle económica, que el reparto del papel pintado de poco valor sirvió para inclinar las preferencias.

***Es Massa quién cuenta con las mejores posibilidades. El piso electoral del peronismo y el casi seguro apoyo de los gobernadores, determinarán una indescontable ventaja en perjuicio del libertario.

                   Un pueblo casi mendigo, no quiere perder la limosna.

                   En verdad, no necesité el diario del lunes para intuir los resultados electorales de la primera vuelta. Es que son tan bajas las expectativas del pueblo argentino, que con papel pintado nos alcanza, así valga menos que nada y se nos escurra en el diario trajinar.

                   Los argentinos terminamos de elegir a los dos capitanes que comandarán la nave en este último tramo electoral. Nuestra embarcación, antes que la simbólica Fragata Libertad, se parece más a un Titanic rumbo al iceberg, aunque más desvencijado, corroído por el óxido, y con una tripulación inepta, para decirlo en criollo: navegamos en el Argentitanic, un neologismo apropiado para la ocasión.

                   Capitanes: dos, Sergio Massa y Javier Milei; pasajeros: 46 millones de argentinos; combustible: apenas para la mitad del viaje; comida: para 20 millones. El Argentitanic soltó amarras y nadie quedó en el puerto para despedirnos, estamos todos apretujados en un barco fantasmagórico, los que decidieron embarcarse y los que no. El destino es único, para todos.

                   Antes de llegar a puerto final, si es que logramos esquivar el iceberg de nuestras pesadillas, debemos hacer una escala en una isla desierta (segunda vuelta electoral), dónde bajaremos a uno de los capitanes, para seguir la navegación con el comandante definitivo.

                   Apretujados en las cubiertas, algunos colgados apenas de las barandillas, el murmullo es intenso. Todo el mundo quiere salvarse, pero no hay un solo bote salvavidas. La cuestión es elegir al menos malo de los dos para que capitanee la nave hacia puerto seguro (¿seguro?), tenemos poco menos de un mes para pensarlo.

                   Sin comida para todos y sin el combustible suficiente, debemos adoptar decisiones difíciles que nos permitan llegar, aunque desfallecientes, a dónde sea que nos lleven para salvar la vida.

                   Uno de los capitanes nos propone bajar a 20 millones de pasajeros en la isla desierta a medio camino, una solución drástica pero efectiva. Entre los que abandonaremos a su suerte, están los que no pueden proveer a su propia subsistencia, los disminuidos físicos y psíquicos, los viejos meados.

                   El otro capitán, que viene conduciendo la nave hace tiempo, propone hacer una colecta de monedas, requisando los bolsillos de los pasajeros, y si no alcanza, tiene una solución mágica: una maquinita. El problema sería que los proveedores no acepten el papel pintado para darnos comida y combustible. Si no, todo a pique.

                   Uds. deciden, nos dicen al unísono M&M, aunque entre ellos ya comiencen a mirarse feo. Nos tiran, nuevamente, la pelota a todos nosotros, confiados en que volvamos a repetir la mala praxis tradicional en nuestras decisiones. Aunque ahora, el dilema es definitivo, seguir en la sartén hasta que nos quememos o tirarnos al fuego.

                   Tal vez la alegoría que termino de formular, pueda expresar con mayor contundencia la situación en que se encuentra el país, a veces las figuras retóricas preservan mejor los hechos y dejan las interpretaciones a consideración de cada uno.

                   Seguramente, para la mayoría de los argentinos, este interminable proceso electoral es lo más parecido al vía crucis católico, una interminable serie de postas que nos tiene como sufrientes participantes y potenciales víctimas.

                   Habrá segunda vuelta electoral, entre Sergio Massa, el representante oficialista, y Javier Milei, el libertario.  Todo tiene una explicación, o por lo menos a todo  debemos encontrarle una, aunque muchas sean poco menos que inexplicables a la luz del sentido común y una lógica normal.

                   Una primera explicación de los resultados, sería que Javier Milei dividió los votos opositores. Antes de las Paso, Juntos por el Cambio se presentaba como seguro ganador, pero la interna no le vino bien al conjunto cambiemita.

                   Patricia Bullrich no logró convertirse en la líder reconocida del espacio. Macri, Rodríguez Larreta, Carrió y parte del radicalismo, jugaron a media máquina o fueron confusos en su apoyo. La interna, es evidente, no pudo superarse. De tal modo, los independientes y hasta algunos simpatizantes, no vieron a la Bullrich como presidenciable, el contrapeso interno que debió cargar fue demasiado.

                   La irrupción desencajada pero exitosa de Javier Milei en el escenario electoral, determinó que los ojos de la sociedad y de los medios, se pusieran en el líder del espacio y en sus acompañantes. Y allí estuvo su costado flaco.

                   Con propuestas locas, a medio cocer, y con un grupo político que más que un partido parecía un cotolengo de personajes exóticos, el votante no quiso jugarse del todo a la opción del “rompan todo”, aunque lo suficiente para entrar en segunda vuelta electoral.

                   Lo de Sergio Massa es el reflejo de la decadencia argentina. Si no fue el peor Ministro de Economía en mucho tiempo, le pasa raspando. Duplicó la inflación, nos puso en un piso de pobreza del 40%, un dólar disparado, y una situación al borde de la hiperinflación y de una gran devaluación que nos volverá más pobres aún, de un plumazo, en los próximos días.

                   Volvió con el tigrense, el nunca bien ponderado clientelismo, pero ahora recargado y expuesto, con el reparto de dinero, beneficios, exenciones impositivas, para, sin el menor rastro de vergüenza, rifar el dinero público. Fue como el apocalipsis Masista, algo así como “el mañana no existe”, el hoy soy yo y mi candidatura.

                   A la mayoría, no le importó la corrupción, ni tan siquiera las instituciones tan vapuleadas. Esas son veleidades de clase media, según la biblia kirchnerista, que la empobrecida (por ellos) población argentina no puede darse el privilegio de considerar. Hay que comer y punto. Y se come, mal y poco, pero se come con el plan Platita y los planes sociales. Massa es plata (desvalorizada) en el bolsillo, lo demás es cuento.

                   Tengo, además, para mí, que mucho jugó en esta primera vuelta, la imagen que proyectan los candidatos hacia afuera, o la imagen que perciben los votantes de los mismos. En esa imagen, proyectada y percibida, poco tienen que ver los hechos y los antecedentes.

                   Y creo que allí ganó Massa, en la percepción pública de la imagen de un presidente. A Bullrich no la vieron como presidenta, Javier Milei comenzó a desdibujarse a partir del miedo que generaron sus locuras. Y no se trata de argumentos, sino de aquello que proyectan en el imaginario social.

                   Vuelvo a mi intuición. Massa es el que cuenta con las mayores posibilidades de ser consagrado presidente por los próximos cuatro años, no sólo por haber encabezado los votos en primera vuelta.

                   Seguramente atraerá el apoyo de los gobernadores, desafectos decididamente a los saltos al vacío. El piso electoral peronista y el mantenimiento del sistema de coparticipación, será un elemento determinante en el voto del interior, sistema que Milei quiere derogar sin decir que lo va a reemplazar.

                   Mirar hacia adelante es la consigna. A alguno de los dos debemos elegir, optemos por el menos malo.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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