ajuste presupuestario populismo subsidios utilización política

LOS SUBSIDIOS DISCRIMINATORIOS DEL POPULISMO

CRISIS ECONÓMICA

“Gobernar es gastar”

Carlos Pagni, La Nación

*La terminal crisis económica sólo merece del gobierno algunos retoques en la cotización del dólar y una ínfima quita de subsidios a la luz, que no tendrá resultado económico palpable en la baja el déficit fiscal. Mucho ruido y pocas nueces.

**En el tema de los subsidios a los servicios públicos ha quedado demostrado que el populismo gasta mucho y mal. Las tres cuartas partes de los beneficios se concentran en el AMBA, quedando las migajas para las provincias.

***El cerrojo populista clausura toda posibilidad de recuperación económica. La continuidad de la inflación demuestra que el camino no es por allí.

                               El “gobernar es poblar” que definía Juan Bautista Alberdi en el siglo XIX cómo el instrumento más importante para el desarrollo de un país despoblado, hoy parece tener su correlato en el siglo XXI con una definición que, en los hechos, ha consagrado el populismo kirchnerista en el siglo XXI: “gobernar es gastar”.

                               No otra cosa indica los números de los gobiernos de este siglo. De acuerdo con un trabajo publicado por el diario La Nación, basado en datos oficiales, comparando el gasto primario del estado en relación con el PBI, desde el Gobierno de Néstor Kirchner el gasto público no para de crecer, excepción hecha del gobierno de Macri. A partir de 2007 hay un gran crecimiento, y una fenomenal disparada entre 2008 y 2009, durante el gobierno de Cristina Kirchner, por la masiva incorporación al régimen jubilatorio de personas sin aportes.

                               Durante la presidencia de Mauricio Macri, la reducción del gasto público en relación con el PBI fue del 5,4% (-), basado fundamentalmente en el proceso de sinceramiento de las tarifas de los servicios públicos, ahorro que fue licuado por Alberto Fernández que, en parte por la pandemia y en otra por la génesis de la política oficialista, volvió a subirlo a límites intolerables.

                               La situación explosiva en la que nos encontramos, entonces, no es casual. Los acuerdos alcanzados por Macri y Alberto Fernández con el FMI para el pago de la deuda no son sino la refinanciación de aquello que se venía acumulando durante largos años de un populismo desenfrenado, que hizo aumentar exponencialmente los gastos previsionales por la incorporación indiscriminada de jubilados sin aportes, y que consolidó la cultura del subsidio, que no paró de crecer en sus distintos rubros.

                               Las inocultables tensiones internas en el frente gobernante, abstracción hecha de los intereses personales y políticos de sus integrantes, hacen eje fundamentalmente en la manera en que se enfrenta esta crisis económica y social cuya gravedad nos acerca al 2001.

                               Guzmán quería generar un ordenamiento y disminución del gasto (a esta altura insuficiente) para cumplir las metas coordinadas con el organismo internacional y a la vez lograr una paulatina disminución de la inflación. A Fernández, a esa altura, no lo quedaba otra.

                               Pero el control del gasto público es música disonante para los oídos de Cristina, no sólo por su gen populista de origen, en el que el subsidio y la dádiva constituyen una columna vertebral de gestión, sino también por su “keynesianismo” de libro, asesorada por su “pollo” Axel Kicillof.

                               Según su teoría, a esta altura absolutamente desbordada por la realidad, las crisis y las retracciones económicas se solucionan con más y no con menos gastos del estado, de manera tal que todo lo que se vuelca en la economía, aún a costa del déficit y de la fabricación inconsistente del dinero, en última instancia juegan como activante, en un proceso “virtuoso” que termina por hacer retroceder a la inflación.

                               Pero, suficientes experimentos populistas cargamos los argentinos sobre nuestras espaldas como para seguir en el mismo camino que nos está llevando al abismo. Batakis, la nueva ministra de economía, no está haciendo algo muy distinto a lo de Guzmán, con la única diferencia que nos ratifica el camino hacia el derrumbe total.

                               La cuestión de la eliminación de los subsidios a los servicios públicos, una exigencia del FMI, se está efectuando de una manera ralentizada que poco, o muy poco, influirá en el paquete de gastos. La propaganda oficial hoy está volcada a la inscripción de las personas que aspiran a continuar con los subsidios a la energía en los hogares.

                               Sin embargo, dando por descontado el éxito de la medida de restricción de los subsidios a la luz, el ahorro en términos presupuestarios va a ser mínimo. En esta etapa, según el Secretario de Energía Martínez, el ahorro significará 15.000 millones de pesos. El próximo año sería de 80.000 millones de pesos, el 4% de toda la masa de subsidios que paga el Estado por los servicios públicos. Nada, si se tiene en cuenta que el gasto anual en subsidios a las tarifas alcanza los dos billones de pesos.

                               Pero, el subsidio como columna vertebral de la política populista, no sólo plantea la consecuencia nefasta de la acumulación de tensiones sobre la economía, sino que además ha quedado demostrado que la política gubernamental en su instrumentación es electoralista y antifederal.

                               El AMBA (Caba y conurbano bonaerense), se ha llevado la parte del león en el reparto de los beneficios, dejando las migajas para las provincias, especialmente las del norte pobre, del que Corrientes es parte. No es casualidad, sino frío cálculo, teniendo en cuenta que allí se concentra la mayor parte del padrón electoral.

                               Pruebas al canto: no es secreto para nadie que la tarifa de luz residencial del AMBA es muy inferior a la que pagan los ciudadanos del resto de las provincias. Digo, con intencionalidad, “los ciudadanos” y no las empresas provinciales de distribución, ya que en realidad éstas reciben al   mismo precio unitario en todo el país.

                               La DPEC tendrá que explicar los componentes del costo de la energía en Corrientes y hasta dónde llegan el monto de los subsidios, teniendo en cuenta que los correntinos vienen pagando una energía mucho más cara, a pesar de que su distribuidora (DPEC) le paga a CAMESSA lo mismo que el resto de las empresas de energía en todo el país.

                               El precio del combustible es otra de las brechas inexplicables. En Corrientes, teniendo en cuenta las naftas y el gasoil, la diferencia con otras jurisdicciones es de entre el 19 y el 37% más cara, de acuerdo con datos publicados por la Secretaría de Energía de la Nación.

                               Lo del subsidio al transporte llega al colmo. En el AMBA, el promedio de subsidio que recibe cada persona en el mes es de 3.000 pesos, en la mayoría de las provincias no alcanza a 1.000. Es por ello que allá el boleto cuesta 18 pesos y en Corrientes tres veces más.

                                De manera tal que la distorsión fenomenal que el subsidio causa en la economía global, ni siquiera tiene un correlato de justicia distributiva. Priman los intereses electoralistas del frente gobernante, que concentran las tres cuartas parte en el conglomerado urbano de CABA y conurbano, en desmedro de los habitantes de las provincias menos favorecidas.

                               El kirchnerismo terminó por consagrar la segmentación de la pobreza en función de sus intereses electorales. El subsidio es la sustancia, los votos  su dimensión, que más tienen que ver con los votos potenciales de las regiones que con las necesidades de sus habitantes.

                               Populismo y electoralismo, una combinación perversa para un país rumbo al precipicio.

                                                Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back To Top