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¿DE PASTOR A MEDIADOR?

FRANCISCO

“En cualquier situación internacional, el diálogo con el Papa es importante para Moscú. Y el pontífice es siempre un bienvenido, deseado interlocutor”

Alexsandr Wvdeyev, embajador ruso ante la Santa Sede

*El Papa pidió en febrero reunirse en Moscú con Putín. Luego de más de dos meses, el embajador ruso en el Vaticano tuvo el primer acercamiento, expresando que Francisco es un bienvenido y deseado interlocutor. Una pequeña luz al final del túnel, en el marco de un generalizado escepticismo.

**Hasta el momento, Francisco se abstuvo de identificar con nombre y apellido al responsable de la invasión. ¿Estuvo preparando el camino de la mediación?

***El pastor de la cristiandad está tomando un papel más activo en la búsqueda de la paz.

                               Dos capitulaciones separadas firmaron los alemanes para dar por finalizada la Segunda Guerra Mundial en Europa. La primera, en Reims (Francia), el 7 de mayo ante el comando aliado, con el general Iván Suslopárov como representante soviético. La segunda en Berlín, el 8 de mayo (día 9 para la URSS), exclusivamente ante otro representante soviético, el Mariscal Georgi Zhúkov.

                               ¿Qué pasó? El disgusto de Iosif Stalin por no ser el protagonista, provocó que la primera rendición sea considerada como preliminar, y recién la segunda como definitiva, con la URSS como única interlocutora del lado victorioso.

                                Mucho se ha especulado sobre el significado que durante este 2022 tendría para las autoridades rusas el festejo del 9 de mayo, el Día de la Victoria sobre Hitler, en el marco de la invasión a Ucrania.

                               La mayoría de los analistas vieron como una fecha en la que la Federación Rusa, con un imponente desfile militar como acostumbran, presentara al mundo su victoria sobre el oponente ucraniano y el fin del conflicto. Sería la salida que satisfaría el ego de Putín.

                               Al momento en que se escribe este artículo, lo que menos se advierte es que esta guerra esté por terminar. Pero, la parada militar se hará igualmente, tal vez no en Moscú sino en Mariupol, la ciudad ucraniana derruida por el ejército ruso. Para ello, están limpiando sus calles de cadáveres, escombros y bombas sin explotar.

                               Si así fuera, sería una provocación lamentable e innecesaria de Putín para con sus víctimas. Pero nada puede sorprendernos en esta escalada de sangre y fuego que carece de motivación válida del lado agresor y no parece vaya a terminar en el corto tiempo.

                               Y a todo esto, ¿Qué está haciendo el Papa Francisco? Sus buenas intenciones están fuera de duda. Sin embargo, sus primeras reacciones no fueron las esperadas para una invasión injustificada e injustificable.

                               Con el título de “Francisco y el síndrome Pilatos”, semanas atrás criticaba en mi columna el prolongado silencio papal sobre el asunto y sus lamentables primeras declaraciones acerca de que “todos somos culpables”, esquivando la alusión directa a Putín y su psicopatía asesina.

                               Inentendible posición pilatesca la del pastor mayor de la cristiandad, en un conflicto dónde están claramente identificados los agresores y los agredidos, los victimarios y las víctimas. ¿Cómo era posible que argumentara la culpa de todos? que en los hechos significaba una exclusión de la responsabilidad del presidente ruso y de sus mandos.

                               Sigo pensando lo mismo. Sin embargo, nuevos hechos me obligan a repasar la labor del pontífice como proyección de futuro. Pareciera que estamos en presencia de un Papa estratégico, cuyas intervenciones y declaraciones están calculadas para oficiar de mediador válido en la invasión.

                               El dilema es si pueden o no convivir en una misma persona, Jorge Mario Bergoglio, el estratega que se prepara para la mediación intentando mostrar imparcialidad para generar confianza, con el pastor de almas que está obligado por su función religiosa a condenar el mal y a promover el bien.

                               Se conocieron en estos días las gestiones de Francisco para hablar con Putín, que comenzaron veinte días luego de iniciadas las acciones. Ante la falta de respuesta, decía el religioso que “soy sacerdote, ¿qué puedo hacer?, hago lo que puedo. Si Putín abriera la puerta…”.

                               La primera respuesta provino de la Conciliazione 10, sede de la embajada rusa en el Vaticano, que en boca de su titular dijo: “En cualquier situación internacional el diálogo con el Papa es importante para Moscú. Y el pontífice es siempre bienvenido, deseado interlocutor”.

                               ¿Comenzaban a dar sus frutos los mensajes confusos de un Bergoglio que preparaba el terreno para ser el mediador de confianza entre Ucrania y un hombre desquiciado como Putín?

                               Las declaraciones papales siguieron transitando por la demasiado ancha avenida del medio, como si justificara la invasión rusa. En una entrevista publicada en el Corriere de la Sera hace pocos días, se preguntaba si “quizás el ladrar de la Otan en las puertas de Rusia han llevado a Putín a reaccionar mal y desencadenar el conflicto”, agregando insólitamente que “no sé responder si es justo abastecer a los ucranianos”.

                               Traducido del italiano al castellano, el pastor de los cristianos estaba justificando la invasión y, a la vez, criticando a quienes le abastecen de armas a Ucrania para defenderse de la agresión injustificada de un país diez veces más poderoso.

                               Es casi imposible apreciar las poco razonables declaraciones de una autoridad religiosa que debería defender al débil, al agredido, al que tiene su territorio y sus ciudades destruidas y sus habitantes muertos o exiliados.

                               Pero, nuevamente, vale interrogarse sobre la doble condición de Francisco, como pastor de almas por una parte y como probable mediador por la otra. ¿Le es admitido trasmitir un doble mensaje, no condenar al agresor, socializar la culpa de la guerra, con el objeto de generar confianza en los rusos para una eventual mediación?

                               ¿Puede la máxima autoridad de la religión más extendida en el mundo, tener una verdad real escondida y una verdad estratégica expuesta? ¿El fin justifica los medios? Si el fin es ganar confianza de ambas partes, ¿pueden utilizarse declaraciones estratégicas que no corresponden a una visión religiosa con el objeto de preparar el terreno para una mediación?

                               ¿Qué es lo que vale en una situación como ésta? La actitud del pastor: “¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!” (Isaías, 1:17) o la del diplomático: “¡Mejor es el lento para la ira!” (Proverbios, 16:32).

                               ¿Cuál es la primera obligación de un cristiano? Ser justo con los justos y echar a los mercaderes del templo, o poner en igualdad de condiciones a justos y pecadores en pro del objetivo superior de la paz. ¿Puede Francisco ser mediador a costa de ser menos pastor?

                               Hay quienes piensan que las declaraciones y actitudes papales responden a su propio sesgo ideológico, cortado por la misma tijera que el populismo latinoamericano.

                               Nuestros socialistas siglo XXI que quieren renacer, ponen en igualdad a Zelenski con Putín, al que critican insólitamente por “defender a su patria con todos los medios a su alcance”. Las declaraciones de Lula podrían ser las del mismo Bergoglio: “Zelenski es tan responsable como Putín”.

                               Sin embargo, justo es destacar la posición dura de la iglesia católica en contra del expreso apoyo de la Iglesia Ortodoxa Rusa a la agresión armada contra Ucrania.

                               Cómo fuere, la luz al final del túnel que se advierte con la eventual visita del Papa a Moscú, no es poca cosa, y menos aún si puede resultar un interlocutor válido con un individuo como Putín.

                               En tal caso, “goles son amores”, y la gestión papal podría resultar, Dios así lo quiera, un golazo de media cancha.

                               Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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