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MEMORIA SELECTIVA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

24 DE MARZO

“Yo siempre confié en César Milani. Sabía que era inocente, se hizo justicia”

Hebe de Bonafini, 9 de agosto de 2019

*Para la mayoría de los argentinos, las razones del feriado del 24 de marzo fueron extrañas, casi desconocidas. Para el kirchnerismo, en sus dos variantes, la fecha fue aprovechada para medir fuerzas en la interna política que los ocupa. Los derechos humanos brillaron por su ausencia el jueves pasado.

**Desde la instalación del gobierno kirchnerista, el rescate de los setenta sirvió como plataforma para construir poder y política. Se erigieron en el kilómetro cero de los derechos humanos, amputando una historia valiosa.

***Con la metodología de la memoria selectiva, se describieron los hechos con pluma amiga, olvidando algunos e inventando otros.

                               Jueves, 24 de marzo de 2022. La Cámpora realiza una demostración de fuerza en Avenida del Libertador, utilizando la agrupación “Lealtad Montonera” como escolta. Las “orgas” trotkistas se adelantan en Plaza de Mayo. El presidente Fernández, realiza un acto en un auditorio cerrado del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cristina tuitea desde su trono de calle Junín, en apoyo de la movilización camporista.

                               El arco kirchnerista y filo kirchnerista “festeja” la terrible fecha, a su manera. Unos, con una movilización multitudinaria con fuerte soporte logístico; otro, desde un lugar cerrado y con tímido mensaje, finalmente, la protagonista restante sin abandonar el lugar de los “dioses”.

                               El motivo de la fecha fue lo de menos. Cada uno pretendía utilizarlo para mandar sus mensajes políticos en la interna oficialista. Los derechos humanos fueron un pretexto para posicionarse en la patética realidad argentina de la pelea doméstica.

                               Como se vislumbraba desde hace tiempo, los derechos humanos de los setenta se fueron “kirchnerizando” paulatinamente hasta dejar de ser causas de la humanidad, para pasar a constituirse primero en causas de determinado sesgo político y terminar, finalmente, a ser causas de la interna oficialista.

                               No fue de extrañar, entonces, que la sociedad en general casi ignorara las razones de este feriado raro, que en realidad existe desde hace tiempo, pero que nunca se terminó por instalar en el imaginario colectivo, tan sólo en el relato de la ideología.

                               Es que, de movida, el kirchnerismo pretendió constituirse en el kilómetro cero de los derechos humanos, obviamente sólo en aquéllos referidos a los sucesos de los setenta.

                               Cuando Néstor Kirchner, sin sonrojarse, expresara el 24 de marzo de 2004 que venía “a pedir perdón en nombre del estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades”, deliberadamente ignoraba la fortaleza del presidente Alfonsín, que cinco días después de haber asumido en 1983, ordenaba el enjuiciamiento de las Juntas Militares y creaba la Conadep.

                               Por contraste, en la campaña electoral de 1983, su contendiente, el candidato peronista Ítalo Argentino Luder, promovía su campaña con el compromiso de sostener el decreto de autoamnistía dictado por la Junta Militar.

                               En 2004 pasaron 20 años del fin de la dictadura militar, las fuerzas armadas carecían de todo poder político y los protagonistas de los tristes sucesos eran ya gente de avanzada edad. Al decir del ubetense Joaquín Sabina, a Néstor no le costó tan cara su “valentía”, como sí a Raúl Alfonsín que sofocó repetidas asonadas militares. El peronista cazó elefantes en el zoológico, no en la selva como el radical.

                               Tampoco podía conectarse a los Kirchner con un compromiso de lucha en tiempos de la dictadura. En su libro “La audacia y el cálculo: Kirchner 2003-2010” decía la escritora Beatriz Sarlo, de raíces peronistas e izquierdistas, que “había que inventar en el sentido en que se inventa una relación con quienes Kirchner no había tenido antes relaciones: las organizaciones de madres, abuelas e hijos de desaparecidos” (Sarlo, 2010:180).

                               Cuando Néstor Kirchner se instala en el gobierno nacional, quedó claro que su construcción política comenzó a realizarse con el rescate de los setenta como sustento de un compromiso pretendidamente revolucionario. ¿Había realidad o conveniencia? Ahora, visto los resultados, es obvia la respuesta.

                               Las organizaciones de derechos humanos, que en lo conceptual deberían haber estado siempre por encima de los gobiernos y de las ideologías, fueron paulatinamente cooptadas por el mando político de entonces, no tanto por una prédica teórica sino fundamentalmente por compromisos económicos y de poder. También parte de la justicia.

                               Con el mecanismo de subsidios y apoyo político, las organizaciones de derechos humanos fueron incorporándose a la maquinaria política gubernamental, corriéndose del lugar indiscutido de los valores compartidos para pasar a la simple mortalidad de la facción y el alineamiento.

                               El caso paradigmático sin dudas es el Hebe de Bonafini, que de una madre de pañuelo blanco se constituyó en el arma política preferida del cristinismo duro, capaz de promover la toma del palacio de justicia o convertir su organización en una constructora multimillonaria de pretendidos “sueños compartidos”.

                               “La madre y el general” fue el título del reportaje que le hizo Hebe al entonces candidato para ocupar la Jefatura del Ejército en 2013, el General César Milani, cuyo pliego estaba siendo cuestionado en el Senado por acusaciones de delitos de lesa humanidad.

                               La nota fue difundida por la televisión pública y por la revista de Madres. Poco le importó que la justicia no se había pronunciado aún, es que era un militar del “palo”. Su alineamiento político pudo más que su compromiso con los derechos humanos que dice defender.

                               Luego del fallo 2019, no extrañó que la inefable madre festejara con bombos y platillos la absolución de Milani, teniendo palabras detractoras en contra de los familiares del desaparecido soldado Ledo o de los secuestrados y torturados Olivera y Matta.

                               Los botones exhibidos sobran de muestra para advertir que la política de derechos humanos del kirchnerismo tenía y tiene la venda caída, para separar tirios de troyanos, para darles distintostratamiento a amigos y a los otros.

                               Pero no sólo los ciudadanos de a pie no se percataron de las razones del feriado del 24 de marzo. Los propios promotores de la fecha no la recordaron como un hito de sus propias concepciones. Se valieron de ella, no para reivindicar la memoria sino para fortalecer sus posiciones políticas y mandarse mensajes simbólicos y encriptados, en este juego perverso de un poder camino a la disolución.

                               Tal vez el 15 de diciembre de 1983, fecha del dictado del decreto 185, o el 9 de diciembre de 1985, día de la sentencia en el juicio a las Juntas, hubieran de tener mayor significado institucional para recordar los tremendos hechos, antes que un politizado y desvalorizado 24 de marzo.

                               Seguramente no Cristina, menos la Cámpora al mando de su hijo Máximo, hubieran de ser los patrones morales de la doctrina de los derechos humanos, que está arraigada en el derecho internacional y que se lleva adelante con la sobriedad de una lucha moral y no con el sesgo de una trinchera política.

                               Allí están las razones de la calificación del título. La memoria por la verdad y la justicia, que no fue memoria completa e inclusiva, ha dejado de costado a la mayoría de la sociedad para hacerse parasitario de unas organización política, que hoy tiene asuntos más urgentes que atender.

                               La Cámpora rumbo a la Plaza de Mayo, el presidente Fernández en un auditorio cerrado, Cristina con su pulgar en el mouse, todos preocupados por la confrontación interna, la gente común en sus casas

                               Claro, por vía de la fantasía creativa, trajeron el pasado al presente. No pudieron faltar acusaciones al Fondo Monetario Internacional, como corresponsable de los hechos sucedidos hacen más de cuarenta años.

                               Los derechos humanos, bien gracias.

                                                               Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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