cierre de empresas destrucción de puestos de trabajo importación

UBER Y PARRIPOLLO

DESTRUCCIÓN Y CREACIÓN

“Existe gran preocupación por el cierre de la planta de Fate. La pérdida de empleo industrial se está convirtiendo en un fenómeno estructural”

Unión Industrial Argentina 

***La apertura de importaciones indiscriminada, está provocando el cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo. La teoría del gobierno es que con ello, la economía entrará en un proceso virtuoso, en el que la ineficiencia es castigada y la innovación y la inversión significarán nuevas empresas y puestos de trabajo. La transición podría significar la uberización de la economía, el recordado “parripollo” de los tiempos de Menem.

                   La reforma laboral, que aparentemente se convertirá en ley el próximo viernes, no es una medida aislada del gobierno. Está inscripta en un contexto económico de alcance estructural: facilitar la llegada de inversiones, la instalación de nuevos jugadores en la industria y la creación de puestos de trabajo.

                   Ese es, por lo menos, el mensaje del gobierno: baja de precios al consumidor a través de la importación de productos más baratos, cierre de las empresas ineficientes, creación de nuevas fábricas acordes con las ventajas comparativas de la Argentina, creación de empleo de calidad sostenible en el tiempo y retiro del estado de la economía.

                   Hasta allí, uno diría que el plan es perfecto: beneficios al consumidor, muerte de las empresas ineficientes, instalación de nuevas empresas en sectores específicos, personas que consiguen puestos de trabajo en las nuevas empresas.

                   Pero la teoría es teoría hasta que se convierte en práctica y experiencia vivida. La primera parte del vaticinio gubernamental se está cumpliendo: según informes oficiales, en los dos últimos años se cerraron 21.938 empresas, y hay 290.000 puestos de trabajo formales menos. La construcción, las inmobiliarias y la industria lideraron las pérdidas.

                   ¿Dónde cree Ud., amigo lector, conseguirán trabajo esas personas que los perdieron? Me refiero a labores formales, con aportes jubilatorios y obra social. Me temo que el uber o el parripollo sea su destino, sobre todo para los de más de 50 años.

                   Esa es la primera parte, la negativa. Según la teoría libertaria, ese círculo se completa con un proceso virtuoso de instalación de nuevas industrias en los sectores de energía (Vaca Muerta), minería (litio y cobre), agroindustria y economía del conocimiento.

“Argentina se encuentra con el caballo en el medio del río. Un costoso proceso de cierre de empresas y pérdida de puestos laborales, con la promesa de creación de nuevas oportunidades”

                   Pero, aun cuando por vía teórica creamos el relato libertario, hay un aspecto sustancial a considerar: el círculo vicioso de cierre y pérdida de puestos de trabajo tiene una velocidad supersónica. La instalación de nuevas industrias y nuevos puestos de trabajo, sin embargo, iría con una velocidad mucho menor.

                   En el medio, que pueden significar dos, tres, cinco años o nunca, hay muchas familias que quedarán en la calle y con un estado que no ha instrumentado hasta ahora medidas contracíclicas de envergadura,  para neutralizar la emergencia, aunque más no sea en parte.

                   El problema central no es que se pierdan empleos en sectores poco competitivos. Eso ocurre en cualquier proceso de apertura. El punto crítico es si la economía genera, en paralelo y con suficiente rapidez, nuevas fuentes de trabajo capaces de absorber a quienes quedan desplazados.

                   Aquí aparece la tensión temporal. La destrucción de empleo industrial puede ser rápida; la creación de empleo en sectores dinámicos suele ser lenta. Si además el proceso ocurre en un contexto de recesión, caída del consumo y tasas de interés elevadas, la transición se vuelve más dolorosa.

                   Hay un grave riesgo en la transición: la uberización de la economía, o el “parripollo de los tiempos de Carlos Menem.

                          Argentina llega a este proceso con una estructura productiva debilitada por décadas de alta inflación, presión impositiva elevada, costos laborales no salariales significativos, escaso crédito y baja competitividad sistémica. Muchas industrias sobrevivieron bajo protección arancelaria prolongada. Cuando esa protección se reduce de manera rápida, el impacto es inmediato.

“Si el estado no instrumenta medidas contracíclicas que neutralicen los efectos de la transición, los argentinos pasaremos años muy dolorosos”

                   La experiencia internacional muestra que las aperturas exitosas estuvieron acompañadas por estabilidad macroeconómica, reformas estructurales, acceso al crédito, inversión en infraestructura y políticas activas de capacitación. Sin estos elementos, la liberalización puede derivar en desindustrialización persistente y aumento del desempleo.

                   En síntesis, no hay una paradoja conceptual entre apertura y creación de empleo. Pero sí existe un riesgo concreto de desfasaje entre destrucción y generación de puestos de trabajo. En Argentina, el resultado dependerá menos del acto de abrir importaciones y más de la capacidad del país para crecer, invertir y reconvertir su estructura productiva.

                   La discusión, entonces, no debería centrarse únicamente en si abrir o cerrar la economía, sino en cómo gestionar la transición y bajo qué condiciones macroeconómicas puede transformarse en una oportunidad en lugar de un costo social prolongado.

                   Muchas preguntas quedan flotando: ¿cuántas personas sin trabajo costará el experimento libertario? ¿por cuántos años hay que multiplicar los costos de la transición? ¿cuántas unidades uber se incorporarán a un parque de por sí saturado? ¿cuántos pollos asados habrá que vender para sostener una familia? ¿cuántas generaciones habrá que sacrificar para probar el éxito o el fracaso del experimento?

                   Dato mata relato. Hasta ahora, el gobierno ha sido eficiente en cerrar fábricas y destruir empleos. Habría que ver si el siguiente círculo virtuoso se hace realidad, y si en el medio no deja un tendal de víctimas en una sociedad exhausta.

                   Mientras tanto, el estado parece que continuará ausente.

                   Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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