
TODO CAMBIA
“Hay consenso entre los distintos estudiosos de la sociedad que estamos enfrentando un cabio de época, no sólo en lo cultural y civilizatorio sino también en la configuración del poder mundial”
Arturo Laguado Luca, investigador FLACSO
***La media sanción conseguida por el gobierno de Milei, sobre la modernización laboral y el régimen penal juvenil, no sólo se trata de aritmética legislativa. Es un cambio en el modo social de valorar lo que es conveniente, lo que es bueno, lo que es justo. Esos mismos temas fueron rechazados legislativamente en otros gobiernos. Comienza a fortalecerse un “cambio de época”, dónde el sentido común se reconfigura.
Aunque sólo fueron medias sanciones legislativas -la reforma laboral en Senado y el Régimen Penal Juvenil en Diputados-, la semana que pasó marca un antes y un después en el pensamiento mayoritario de la sociedad.
No son sólo dos proyectos importantes impulsados por el gobierno, que lograran los votos suficientes para continuar su trámite. Aunque en uno de ellos los libertarios cedieron en gran parte, no cuenta tanto el texto de la norma cuánto el hecho político que indica el marcado contraste con los fracasos de otros gobiernos en ambas cuestiones.
No es simplemente aritmética legislativa. Tampoco el raquitismo que hoy muestra la calle como instrumento de presión. Es, a mi juicio, la conformación de un nuevo sentido común en la sociedad, que determina lo que se ha dado en llamar un “cambio de época”.
Durante años, en la Argentina discutimos gobiernos. Hoy, sin darnos del todo cuenta, estamos discutiendo algo bastante más profundo: la idea misma de sociedad.
Por eso la expresión “cambio de época” -tan usada, tan gastada- empieza a tener sentido cuando uno la mira con menos épica y más sociología. No ocurre cuando gana un partido distinto, ni cuando se sanciona un paquete de leyes, ni siquiera cuando se aplica un programa económico novedoso.
“Si una mayoría social cambia sus concepciones sobre lo que es normal, lo que es justo, lo que es lógico, estamos en presencia de un cambio de época”
Ocurre cuando lo que una sociedad considera “normal”, “justo” y “lógico” se desplaza de lugar. Y eso es exactamente lo que está pasando.
Durante gran parte del siglo XX argentino, había un acuerdo tácito que atravesaba a casi todo el arco político: el Estado debía garantizar un piso de protección, la justicia social era un valor ordenador, el trabajo era un derecho tutelado y lo colectivo tenía primacía moral sobre lo individual.
Ese clima cultural no era exclusivo del peronismo, pero el peronismo fue su expresión más acabada, más coherente y más persistente en el tiempo. Ese era el sentido común.

Hoy, ese sentido común se resquebraja. No por decreto, no por una campaña, no por una moda ideológica importada. Se resquebraja porque amplios sectores de la sociedad -sobre todo jóvenes y clases medias urbanas- ya no miran el mundo con esas categorías. Ya no parten de la pregunta “qué debe hacer la sociedad por mí”, sino de “por qué la sociedad tendría que deberme algo”. Ese desplazamiento es cultural, moral y político al mismo tiempo.
En ese marco, el fenómeno Milei deja de ser una rareza excéntrica o una reacción coyuntural a una crisis económica. Se vuelve inteligible como la expresión más nítida, más brutal si se quiere, de un nuevo clima de época donde el individuo pasa al centro, el Estado se vuelve sospechoso y la justicia social pierde su carácter sagrado.
Milei no inventa ese clima. Lo interpreta. Lo radicaliza. Le pone palabras. Tal vez sea el ejecutor más áspero y menos democrático, pero a la vez el más decidido.
Por eso la discusión entre el peronismo/kirchnerismo y el mileísmo no es una discusión más dentro del repertorio clásico argentino. No es “modelo productivo”, “distribución del ingreso” o “rol del mercado”. Es una discusión sobre qué es una sociedad y qué se espera de ella.
“El peronismo representa el paradigma que organizó el siglo XX argentino. Hoy, ha dejado de hacerlo. Implica ello la pérdida de centralidad cultural”
El peronismo representa la matriz cultural que organizó el siglo XX argentino: comunidad, derechos sociales, mediación política, sindicatos, Estado presente, justicia social como principio rector.
No es que esas ideas hayan desaparecido. Es que ya no ordenan el sentido común como antes. Y cuando una fuerza política deja de ordenar el sentido común, empieza a parecer vieja, aunque no lo sea históricamente.
Del otro lado, el libertarismo encarna la nueva matriz: libertad individual por encima de cualquier otra consideración, mérito como criterio moral, desconfianza hacia toda estructura colectiva, y una redefinición profunda de la relación entre ciudadano y Estado, que pasa de garante a estorbo.
En ese contexto, ciertas leyes recientes dejan de ser episodios aislados para convertirse en piezas coherentes de un mismo rompecabezas.
La reforma laboral, presentada como una necesidad técnica para generar empleo, implica algo más profundo: el trabajo deja de concebirse como un derecho especialmente protegido y pasa a entenderse como un contrato entre partes donde el Estado se retira. No es solo una modificación normativa. Es un corrimiento en la forma de pensar el vínculo laboral.
“La transición de lo colectivo a lo individual, marca de modo muy nítido un cambio en el sentido común de la sociedad”
La baja de la edad de imputabilidad tampoco es solo política criminal. Expresa un cambio de mirada sobre el delito: deja de leerse prioritariamente como resultado de condiciones sociales y pasa a leerse como responsabilidad individual cada vez más temprana.
En ambos casos, el mismo hilo conductor: menos contexto, más individuo.
Eso es lo que permite hablar, con propiedad, de un cambio de época. No porque haya un nuevo gobierno, sino porque empiezan a naturalizarse ideas que hace veinte años hubieran sido impensables para una mayoría social.
La verdadera grieta actual ya no es peronismo versus antiperonismo. Es paradigma social versus paradigma individual.
El peronismo queda del lado de lo que fue hegemónico durante décadas y hoy pierde centralidad cultural. El mileísmo queda del lado de lo que empieza a volverse sentido común para muchos.
Y cuando lo que cambia no es la política sino la forma en que la sociedad entiende qué es justo, qué es lógico y qué es natural, entonces sí: no estamos ante un cambio de gobierno. Estamos ante un cambio de época.
Y no se trata de la superioridad moral de un sistema sobre otro, se trata de lo que la mayoría piensa que es mejor.
Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI
