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LOS PINOCHOS

MANIPULACIÓN INDEC

“La decisión del gobierno sobre el nuevo índice es muy tonta y peligrosa, no sólo por la incertidumbre que genera, sino porque habilita a los morenistas y afines a cantar Cambalache: “todo es igual, nada es mejor, tiro en las bolas, no en los pies”

Andrés López, director del Instituto de Economía Política (IIEP)

***El Ministro de Economía, el más torpe declarante que tiene el gobierno, reconoció que Lavagna renunció al INDEC, porque se negó a continuar con una metodología atrasada veinte años, que da un número más bajo que el real en materia inflacionaria. Con ello, se desbarranca la credibilidad pública, con un Presidente y un Ministro que reconocen la manipulación del IPC durante dos años y quieren seguir haciéndolo.

                     El viernes 30 de enero, el Banco Central difundió su “Informe de Política Monetaria”, dónde de manera directa -y descarada a esta altura- admite que si se hubiera utilizado el nuevo Índice de Precios al Consumidor, que constituye una versión actualizada de la base de datos del IPC (de 2004 a 2017), “la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años, por la suba de los servicios públicos y alquileres”.

                     Simple y directo. Los números de la inflación, en lo que transcurre del gobierno de Javier Milei, fueron dibujados a la baja. Crudamente hablando: manipulación estadística.

                     Entonces, doña María, Don Carlos: Uds. tenían razón. Los números que daba el estado no fueron los que se sentían en los bolsillos. La pérdida de capacidad de consumo, fue el verdadero termómetro económico, y no la medición del manipulado índice del gobierno.

                     Engaño y más engaño. Este gobierno, con su política del garrote y la motosierra, ha culminado su desprestigio con la pérdida más grande que puede sufrir una administración: la pérdida de la ética y consecuentemente de la confianza.

“La pátina ética del gobierno libertario, se ha opacado marcadamente con el reconocimiento del Ministro Caputo de la manipulación de los números de la inflación”

                     Guillermo Moreno fue un pionero en eso de fraguar los números. Cometió delitos y fue condenado a tres años de prisión de ejecución condicional y seis de inhabilitación para ejercer cargos públicos.

                     El Presidente Milei y el Ministro de Economía son buenos émulos de Moreno, por hacer durante dos años lo mismo que hizo el Secretario de Cristina: estafar a los argentinos, agredir la fe pública, manipular las estadísticas.

                     El Banco Central lo dijo con todas las letras que la medición de la inflación no era la real, que debía actualizarse, conforme se comprometió el presidente ante Marcos Lavagna.

                     El propio FMI, en el punto 35 (página 32), de su resumen ejecutivo, le dedicó un párrafo a las estadísticas argentinas: “Se espera que el Indec publique hacia fines de 2025 el Indice de Precios al Connsumidr (IPC) actualizado a la encuesta de 2027/2018, con el objeto de mejorar la calidad de los datos” (sic).

                     Es decir, cuando el gobierno decide continuar con la vieja metodología, lo hace a sabiendas de que los números de la inflación dan más bajos que los reales.

                     Lo reconoce el torpe declarante que tenemos de Ministro de Economía, el mismo que se compra la ropa en el exterior: “hemos quedado de acuerdo con el Presidente de no aplicar la nueva metodología, hasta que culmine el proceso de desinflación”. Ni más ni menos, en criollo significa que vamos a seguir mintiendo hasta que los números convengan al gobierno.

                     Se estima que los datos de inflación de enero, que serán dados a conocer próximamente, estarán un punto por debajo del número real, precisamente por la distorsión avalada por el gobierno.

“Jubilados, trabajadores y otros sectores, pagan con sus ingresos, el principal activo del gobierno libertario, la baja de la inflación, lograda a costa de adulterar los números”

                     Según trascendió, la nueva metodología, preparada desde hace meses y postergada en varias oportunidades, habría arrojado para enero una inflación superior a la que surge del esquema vigente, basado en parámetros de más de dos décadas atrás. La decisión política de continuar con el método antiguo no es un detalle administrativo: es un gesto cargado de significado institucional.

                     Porque el IPC no es un dato más. Sobre ese número se actualizan salarios, jubilaciones, contratos, bonos, alquileres, prestaciones sociales y una extensa cadena de variables que afectan la vida cotidiana de millones de personas. No es una estadística abstracta: es el termómetro que regula ingresos reales.

                     Si el termómetro está descalibrado, el enfermo no mejora: simplemente deja de saber cuánta fiebre tiene.

                     ¿Quién puede dudar de qué, a estas alturas, la baja de la inflación es el principal activo del gobierno de Milei? Dar los números reales significaría rifar las joyas de la corona del gobierno libertario.

                     Pero, una cosa es defenderla con verdades y medidas duras o antipáticas, que duelen. Otra muy diferente, inadmisible para un gobierno, es hacerlo con la “mentira”, porque en ese caso, el bien superior de la “credibilidad” de toda administración, se viene abajo y, en avalancha incontenible arrastra todo consigo.

                     Milei, el Toto Caputo, el Indec, no son mejores que Guillermo Moreno, el inefable Secretario de Comercio que sepultó la credibilidad de las estadísticas oficiales, bajo un manto de falsedades, números dibujados y patrones manipulados.

“Guillermo Moreno aparece como el inspirador de la maniobra libertaria. A él le costó 3 años de prisión en suspenso. A los argentinos, mucho más. ¿Cuánto le costará a Milei y Caputo?

                     Lo peor de todo es que en función de los datos oficiales se actualizan salarios, jubilaciones, contratos, bonos, alquileres, prestaciones sociales y una extensa cadena de variables que afectan la vida cotidiana de millones de personas. No es una estadística abstracta: es el termómetro que regula ingresos reales.

                     La Argentina ya transitó ese camino. Durante los años de intervención del INDEC en tiempos del kirchnerismo, el país asistió a un proceso grotesco de manipulación de datos oficiales que terminó con condenas judiciales para algunos de sus responsables. Aquella experiencia dejó una enseñanza que parecía definitiva: nunca más usar la estadística pública como herramienta de relato.

                     Por eso el episodio actual -más allá de las explicaciones formales que puedan darse- resulta tan inquietante. No porque repita exactamente aquel esquema, sino porque revive la misma lógica de fondo: cuando el número molesta, se lo intenta acomodar, y eso es fraude.

                     La discusión no gira en torno a un debate académico, sino a la decisión política de no aplicar un sistema nuevo ya preparado, cuando ese sistema arroja resultados menos convenientes para el discurso oficial.

                     Y allí aparece el problema ético y la conducta criminal.

                     Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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