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“EN EL MISMO LODO, TODOS MANOSEAOS”

DESTITUCIÓN

“Quedaron a la vista las complicidades de la justicia y la política con la corrupción”

Cecilia Goyeneche, fiscal entrerriana destituida

*La “cambalachización” social puede terminar con el país que soñaron nuestros próceres el 25 de mayo de 1810. Una nación, en la que el paradigma sea el igualitarismo mafioso, no tiene futuro. Habrá que multiplicar las “Goyeneches” para salir del lodo.

**La remoción de la fiscal entrerriana demuestra la manera con que la corporación política castiga a los que se rebelan contra el sistema.

***Mayor participación y pensar el voto parecen los únicos caminos para refrescar el sistema democrático.

                               Entre Ríos, finalmente, apareció en el mapa por mérito de su sistema político-judicial. No los entrerrianos, Entre Ríos. En el mapa negro del combo vicioso, de la sumatoria tramposa, de corrupción más impunidad.

                               Por decisión del Jury de Enjuiciamiento, integrado por los estamentos político y judicial de Entre Ríos, se destituyó de su cargo de procuradora adjunta a la fiscal Cecilia Goyeneche.

                               “Crónica de una muerte anunciada”, tal como la novela de Gabriel García Márquez, podría llamarse este capítulo negro de la historia de la provincia mesopotámica. Un secreto a voces indicaba que el “sistema” no dejaría pasar indemnes a los que se le rebelan. Y así fue.

                               Cecilia Goyeneche era la procuradora adjunta, coordinaba los equipos que investigaban las causas de corrupción. Integró el grupo de fiscales que el mes pasado logró la condena por corrupción, a ocho años de prisión, del exgobernador Sergio Uribarri, a la sazón embajador argentino en Israel. Se encontraba investigando causas muy sensibles a la corporación política entrerriana.

                               Pero Goyeneche, con toda la polenta que le confiere su condición de mujer, y el grupo de fiscales, no investigó sólo al poder que fue, que se ha ido, sino al poder que es, al poder en el poder.

                               Una cosa es investigar a los poderosos cuando tienen poder y otra muy distinta es hacerlo cuando lo han perdido. El paradigma judicial argentino fue este último, de modo que el parámetro pasó generalmente por meterse con el poder luego del poder y no con el poder durante el poder.

                               Salvo excepciones virtuosas dignas de destacar, la justicia generalmente hizo honor a los versos de Joaquín Sabina, “que ser valiente no salga tan caro”, dinámica que dejaba a los jueces con las palmares de la investigación pero sin los peligros de la destitución.

                               Es lo contrario de lo que hizo la fiscal destituida. Se atrevió a investigar al poder en su madriguera y durante su hegemonía. Y, obviamente, cayó víctima de su “atrevimiento”.

                               Es muy difícil romper la mafia en un país dónde ser mafioso es la regla. No en balde la fiscal entrerriana, que logró la condena de algunos integrantes de la mafia, cayó víctima de ese mismo poder mafioso.

                               Es que la justicia se construye a través del entramado del poder, y las interdependencias juegan un papel fundamental a la hora del funcionamiento del sistema. Unos saben que dependen de los otros. Hasta que salta el distinto: la fiscal Goyeneche, y produce un tembladeral en el sistema.

                               Los integrantes del Jury de Enjuiciamiento que la destituyó son los jueces de jueces, los mismos que forman la arquitectura de origen de la justicia, pero que también controlaN el final. Un sistema autosuficiente: yo lo hago, yo lo juzgo.

                               ¿Cómo se integra el Jurado que destituyó a Goyeneche? Con tres jueces del Superior Tribunal, dos legisladores y dos abogados. En una provincia, todo está relacionado con todo.

                               Los tres integrantes del Superior Tribunal son familiares o fueron funcionarios de los titulares del poder político. Los legisladores responden a la decisión del gobernador, en este caso Gustavo Bordet, que fogoneó el enjuiciamiento de Goyeneche. Resultado cantado: 5 votos a 2 en favor de la destitución.

                               La razón, el pretexto mejor dicho, risible: la no excusación de la fiscal, cuestión que de ser verdadera sólo hubiera ameritado una deriva procesal o una sanción menor, pero que funcionó como una herramienta mafiosa para producir el ominoso fallo y expulsar del sistema a los “virus molestos”, evitando el riesgo de una pandemia de rectitud y transparencia.

                               Es que la mafia no tiene piedad con los que violentan sus códigos. No perdona, porque si la dejan pasar, es el propio sistema el que se pone en peligro. Los mensajes son ejemplificadores, contundentes, decisivos: “esto es lo que pasa cuando te metes con nosotros”, al mejor estilo Al Capone.

                               Y la corporación político-judicial se lo sentir a Goyeneche sin medias tintas. Hizo lo que tenía que hacer según el manual de malas prácticas. Separó al órgano acusador del Jury, la propia Procuración de Entre Ríos según la ley, y designó a dedo a alguien que respondiera a sus intenciones.

                               Julio Federik es un prestigioso abogado, autor del Código Procesal Penal de Entre Ríos. Dijo que la decisión de apartar a la Procuración como órgano acusador, es un “invento”. “Lo que hicieron da asco”, fue la conclusión de la fiscal separada.

                                No importó la participación de la Corte Suprema, que en el camino ordenó al Superior Tribunal pronunciarse sobre el amparo interpuesto por la abogada. Lo hizo en un tris y, sin dejar tiempo para nada más, habilitó al Jury para destituir y éste la destituyó. Y a otra cosa. Faltaba más.

                               ¿Qué pasará ahora? Probablemente queden caminos jurídicos que conduzcan a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hoy por hoy la única carta republicana para obstaculizar el avance del poder autocrático. Se verá.

                               Pero es cierto lo que días pasados declarara un integrante del alto tribunal, Ricardo Lorenzetti: “nadie está interesado que exista un poder judicial independiente”. La “corpo” política, menos que nadie. Muchas veces, según sea nuestro sesgo ideológico, algunos sectores sociales también.

                               Todo pasaría como un hecho judicial más si no fuera por sus consecuencias en el ánimo social de un país. El problema con la corrupción pública no es la corrupción misma, sino la impunidad.

                               Si instala en el imaginario de la gente, de tal modo, una sensación casi insuperable de impotencia que comporta el “vale todo” del poder sin la contrapartida del castigo.

                               Todo pasa a ser lo mismo, corruptos y honestos, ladrones y víctimas, don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín. Un impiadoso manto de olvido y apatía se extiende sobre la sociedad.

                               Se mata a la diferencia, a la distinción entre el bien y el mal, con su secuela del golpe mortal al ánimo social de seguir empujando el carro porque vale la pena. Si nada hace la diferencia, ¿para qué seguir buscándola en el oscuro páramo del igualitarismo mafioso? Como dice Enrique Santos Discépolo, “en el mismo lodo, todos manoseaos”.

                               Cambalache es el signo criollo de todos los tiempos, de 1934 y de 2022. casi. El casi está puesto a propósito. La democracia da oportunidades muy seguido, y si no nos gusta el producto que nosotros mismos creamos con el voto y la escasa participación, pues pensemos mejor para votar y participemos en mayor medida.

                               Que la apatía no nos cope totalmente. Que la indiferencia no sea parte de una vida cotidiana sin aspiraciones de cambio. Que las “Goyeneches” hagan la diferencia, nos ayuden a no cejar, nos inspiren al cambio y a la defensa de los valores que campearon en ese 25 de mayo de hace 212 años.

                       Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

                              

                              

 

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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