#COLUMNASIMONETTI catástrofe ambiental Corrientes grieta ígnea pasiones solidaridad

MARÍA, AMBIENTALISTA, COMPARSERA Y BOQUENSE

LA GRIETA ÍGNEA                                            

“¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, hasta de dios…pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín…no puede cambiar…de pasión”

“El secreto de sus ojos”, diálogo entre Pablo Sandoval y Benjamín Espósito

*La catástrofe ambiental disparó la solidaridad humana. Más de 14 provincias y dos países, se sumaron a este combate desigual contra el fuego. Tanto así que, aunque parezca increíble, la grieta política se dejó de lado tendiendo los puentes de la ayuda solidaria. No importaron peronistas ni radicales, cambiemitas y kirchneristas, primaron los argentinos en comunión con una causa superadora. Que nos sirva de ejemplo para comenzar a construir una nueva Argentina.

**No es necesario olvidar nuestras costumbres y tradiciones, dejar de ser auténticos, reprimir nuestras pasiones. Es indispensable ejercer la solidaridad activa que confronta al discurso vacío.

***Tuvo que producirse una catástrofe, para indicar a los argentinos el camino correcto que supere las divisiones inoficiosas. Es el sendero que tenemos que transitar a futuro, en la medida que tengamos la inteligencia de caminar en esa dirección.

                               Realidad y ficción se mezclan en María. Es correntina, tiene tres pasiones: la defensa del ambiente, el carnaval y el club de sus amores: Boca Juniors. Ninguna por encima de la otra. Sus pasiones, como todas las pasiones, son complementarias.

                               Es veterinaria, entusiasta por su trabajo al que dedicó sus días rescatando y recuperando la fauna autóctona. Cada animalito que curó, cada cachorro que protegió, cada especie que ayudó a reintroducir, fueron hijos salvados de las garras del predador humano. Los ojos se le llenan de lágrimas cuando recuerda a Mariua, a Karai y a Porá, una madre yaguareté y sus dos cachorros nacidos a mediados de setiembre de 2020, y que fueron reintroducidos al Parque Nacional Iberá luego de 70 años de ausencia.

                               La otra pasión de María tiene que ver con una fiesta de nuestra cultura: el carnaval y los corsos. Desde muy pequeña trabaja a destajo para que brillen las lentejuelas del festejo popular, es “fana” de una de las comparsas, bailó para ella hace tiempo, y sigue colaborando activamente.

                               La tercera, es su adhesión incondicional al cuadro azul y oro, con el que goza y sufre por partes iguales.

                               Es ambientalista, comparsera y boquense, vaya si lo es, sus tres pasiones la definen a María, y a nadie, nunca, se le ocurrió pedirle que renuncie a alguna de ellas en beneficio de las otras. María no las cambia porque, como Sandoval le dice a Espósito en el “Secreto de sus ojos”, “podés cambiar de todo, menos de pasión”.

                               La participación de su comparsa en los corsos y su activo fanatismo por Boca Juniors, no le impiden participar en la conjura de este desastre ambiental, a disposición de sus protegidos, los animalitos autóctonos, a los que como voluntaria se ofreció para rescatarlos curarlos y cuidarlos.

                               ¿Quién, desde el mullido sillón de sus preconceptos, podrá pedirle a María que abandone alguna de sus pasiones? Quitándole horas a sus noches de descanso, María estará presta a continuar ejercitando su solidaridad activa.

                               Conozco otra María, una correntina que vive y triunfa en Buenos Aires también a través de una pasión, el baile, que supo engalanar los corsos correntinos con sus pasos. Sin olvidar sus raíces, ella encendió la mecha de la sensibilidad para propagar el fuego de los aportes económicos que alcanzaron cifras siderales de la mano de un influencer de las causas solidarias: Santi Maratea.

                                La lucha contra el fuego, así como contra la pandemia, está llena de héroes anónimos, de ésos que no salen en las pantallas televisivas, pero que están en la primera línea de batalla, mujeres y hombres comunes que aportan lo suyo.

                               Algunos en los hospitales, otros en el campo y los humedales, unos cuantos en el escenario, como Damas Gratis, el Polaco y Nene Malo, el resto en sus casas, en sus trabajos, en sus pasiones, pero también ayudando, desde la colaboración económica hasta los trabajos complementarios.

                               ¿Y quién podrá decir que no existe solidaridad activa con la catástrofe ambiental? Desde simples baldes de agua, hasta equipamientos complejos y brigadistas entrenados, desde modestas contribuciones económicas y de víveres hasta millonarias sumas recolectadas, desde veterinarios curando animalitos quemados hasta personas enjugando la transpiración de los bomberos.

                               Así dijeron presente los correntinos, pero también los mendocinos, pampeanos, misioneros, santafecinos, entrerrianos, chaqueños, jujeños, sanjuaninos, bonaerenses, cordobeses, porteños, catamarqueños, tucumanos y santiagueños. Se sintió también la solidaridad internacional, con bolivianos y brasileños dando una mano.

                               Y el desastre ambiental además desactivó los mecanismos de la confrontación política. Luego de algunas idas y venidas, comenzó a tomar cuerpo la comunión de esfuerzos entre la nación y nuestra provincia.

                               El sistema nacional de combate contra el fuego salió de su letargo y se hizo presente, se comprometieron aportes económicos nacionales, se formulan planes para la recuperación del aparato productivo provincial, se anuncian gestión de créditos internacionales. La provincia movilizó todos sus recursos, así como las provincias hermanas. Los bomberos voluntarios de todos los pueblos y ciudades dijeron ¡presente!

                               Los gestos, muchas veces, valen más que mil palabras. Un par de ejemplos, con perdón por la omisión de los muchos casos que existen, nos demuestran que existe una reserva moral en los argentinos, que sale a relucir cuando las papas queman.

                               “La medalla va dedicada especialmente a los bomberos y personas que están combatiendo al fuego en Corrientes”, dijo el campeón argentino en salto en alto, el correntino Carlos Layoy, que sin dejar de participar en el 2° Campeonato Sudamericano de atletismo bajo techo, hizo un aporte espiritual inmenso.

                               Tres mujeres, profesionales de la medicina ellas, no dudaron en subir a su auto y enfilar hacia uno de los sectores más afectados por las llamas, para ayudar desde su ciencia. Alejandra, Mariángeles y Patricia son también nuestro sostén espiritual.

                               Y así, de pronto, desde la dolorosa estación de la catástrofe, parte el tren de la solidaridad humana, ésa que pensábamos perdida en la Argentina de la grieta. Ya no eran radicales o peronistas, cambiemitas o kirchneristas, eran argentinos dando una mano a otros argentinos, sin preguntar su identidad partidaria, sus ideas políticas, su ubicación social.

                               Es cierto, los tremendos incendios demostraron lo mucho que nos falta para entender en su cabal dimensión la catástrofe ambiental que estamos generando los propios seres humanos, pero también exhibieron un comportamiento distinto, algo que podría significar un nuevo comienzo entre los argentinos.

                               Así como exigimos a los gobiernos mayor organización y colaboración entre los ámbitos oficiales, los ciudadanos debemos cambiar nuestras prácticas inamistosas con el ambiente y el ejercicio de una solidaridad activa que contraste con el discurso que divide.

                               No señor, para ayudar no es necesario anular la pasión, no se necesitan lloronas o plañideras, no es preciso integrarse a los dolientes en cortejo fúnebre, no sirve convertir a la provincia en un velorio, no ayuda dejar de cantar o bailar. Los corsos no nos hacen insensibles, también aportan al ánimo y a la obtención de recursos.

                               Ha trascendido que probablemente el gobernador suspenda los corsos si la situación de emergencia continúa. Es probable.  No atenuará la catástrofe seguramente, será una medida política para satisfacer a los sectores (y es válida esta posición también) a los que les resulta importante el “parecer” tanto como el “ser”.

                                Mientras tanto, sin dejar de mirar el partido de su adorado Boca, María le cambia las vendas al monito “carayá”, que comienza a dar alentadoras muestras de recuperación de sus quemaduras.

                               Cuando el mal acecha “en la cancha se ven los pingos”, sin necesidad de sobreactuación ni posturas demagógicas que en nada ayudan. No existen dueños definitivos de la solidaridad, sólo inquilinos circunstanciales para cada momento y cada oportunidad.

                               Todos somos María por estos tiempos, mitad héroes, mitad humanos de carne y hueso.

                                    Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

 

 

 

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back To Top