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DEL RELATO MENTIROSO AL CAPRICHO PSICÓPATA

CRISTINISMO EN REBELDÍA

“He tomado la decisión de no continuar a cargo de la presidencia del Bloque de Diputados del Frente de Todos”

Máximo Kirchner, 31 de enero

*Finalmente, el silencio atronador de Cristina (valga el oxímoron) fue quebrado por la renuncia de Máximo a la jefatura de bloque. Sólo un narcisismo psicopático puede poner en jaque a su propio gobierno.  En busca de llegar al 2023, el gobierno deberá reconfigurar su marco de alianzas. Alberto no podrá transitar ya por el camino del medio de su sector político. Llegó la hora de ponerse los pantalones. Los conservará?

**La continuidad jurídica del estado indica que los gobiernos reciben las herencias sin beneficio de inventario. De igual modo, la distribución de responsabilidades políticas debe tener una base indispensable de verdad y no de relato manipulado.

***Cristina dejó un estado elefantiásico, imposible de financiar con recursos genuinos. Macri no supo o no pudo achicarlo. Nadie puede mirar para otro lado, menos el kirchnerismo.

                               Lo importante no es el origen de la deuda, ni tan siquiera su reprogramación, tampoco la suerte de su propio gobierno, menos aún la del país. Lo importante para Cristina es no perder la centralidad que le impone su personalidad narcisista. No tiene empatía, ni con el presidente ni con la suerte final del pueblo argentino.

                               La deuda con el FMI, cuya refinanciación termina de acordarse, ha sido objeto de dura disputa de ambos lados de la grieta sobre la responsabilidad del endeudamiento. Pero es claro que el kirchnerismo no puede hacerse el desentendido, ya que gobernaron durante 14 de los últimos 18 años.

                               Las posiciones encontradas son de orden estrictamente político, en la mayor parte de los casos no forman parte de la realidad técnica, sino de las mentiras que se montan para continuar con el deporte argentino de echar culpas hacia atrás.

                               En virtud del principio de continuidad jurídica del estado, los gobiernos deben hacerse cargo de las herencias independientemente del color político de las administraciones precedentes.

                               “La historia es un maestro implacable” dijo John Fitzgerald Kennedy, y tenía mucha razón. Paradójicamente, al kirchnerismo le sucedió Cambiemos, y a éste nuevamente el kirchnerismo. Probablemente, en 2023 vaya a suceder lo propio. Y ello indica que ambos sectores políticos son, a la vez, muertos que generan herencia y herederos que la reciben del muerto. Entonces nadie debería sacarse el sayo.

                         La manera de evaluar la performance de la deuda y volverla comparable con otros países es ponerla en perspectiva de su Producto Bruto Interno (PBI), que es lo que produce una nación en un período de tiempo, generalmente un año.

                               Según el sitio “Chequeado.com” (fat-checking), desde el 2005 Y hasta 2011, el stock de deuda pública fue en disminución desde el 80,5% en 2005 hasta el 38,9% en 2011, el mínimo en el período bajo análisis. Desde 2011 la deuda comenzó a incrementarse, hasta finalizar 2015 con un 52,6% del PBI, pero este porcentaje no incorpora la deuda con los “holdouts”. Los datos muestran que el peso que la deuda total sobre el PBI llegó en 2019 al máximo en 14 años (90,2%).

                               La mayor incidencia de la deuda argentina sobre el PBI durante el gobierno de Macri tiene una explicación: el arrastre de deuda con más un déficit operativo gigantesco heredado de Cristina, que Macri no supo, no quiso o no pudo hacer frente.

                               La deuda con el FMI es sólo un 15% del pasivo público. Según un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso, la argentina es el principal deudor del organismo, con el 29,3% del total de préstamos otorgados.  Asimismo los vencimientos con el Fondo representaban el 63% del total de la deuda con organismos financieros internacionales.

                               En el discurso de apertura de sesiones del Congreso, el presidente Fernández expresó: “Los US$ 44 mil millones recibidos por la Argentina -que fueron parte de ese préstamo- se esfumaron antes que asumiéramos nuestras funciones en diciembre de 2019…es la mayor malversación de caudales que nuestra historia recuerda”.

                               ¿Gastó alegremente Macri el préstamo?  No. En el informe del Ministerio de Economía a fines de 2019, se expresa que se pagó deuda vieja con deuda nueva debido a que “se reemplazó deuda más cara (que se hubiera conseguido en el mercado) por deuda a tasas más bajas”.

                               ¿Cómo se gastó el préstamo del FMI al gobierno de Macri? Dato mata relato.  Recurrimos al análisis de un economista correntino, Jesús Leguiza, especialista en el tema que supo ocupar importantísimas funciones ministeriales a nivel nacional:

                               “Macri, con la deuda externa e interna heredada, tuvo que tomar un nuevo préstamo con el FMI para cancelar las mismas. El préstamo fue de $56.300 millones de dólares, de los cuales el FMI sólo desembolsó U$S42.149 millones, que el gobierno de Macri utilizó de la siguiente manera:

  1. U$S14.256 millones, para pagar letras (Lebac);
  2. U$S10.459 millones para bonos (Bonar);
  3. U$S5.427 millones para bonos internacionales en dólares;
  4. U$S293 millones para bonos internacionales en euros y francos;
  5. US$2.579millones para organismos multilaterales y bilaterales;
  6. US$ 1.577 millones en discount;
  7. US$ 245 milones en PAR;
  8. US$ 253 millones en Bono Plan Gas;
  9. US$ 205 millones en “otros”.

                               Entonces del total utilizado, los US$ 42.149 millones, se usaron para:
1) cancelar servicios de la deuda pública en moneda extranjera la suma de US$ 35.294 millones (80% del total);
2) cancelar servicios de deuda en moneda nacional US$ 6.072 millones (14%); y,
3) gastos primarios en moneda extranjera -principalmente importaciones de combustibles- US$ 641 millones (1%).”

                               Según el propio informe del Ministerio de Economía ya mencionado, los restantes U$S 1.900 millones quedaron en el Tesoro disponibles para el gobierno del Frente de Todos que asumió en diciembre de 2019.

                               De modo que la continuidad jurídica del estado indica que existe una sola responsabilidad institucional, aunque las responsabilidades políticas puedan desglosarse de la siguiente manera:

  1. Néstor Kirchner canceló anticipadamente la deuda con el FMI en 2005, por U$S9.810 millones, utilizando reservas. La deuda cancelada que tenía un interés del 4% anual, fue sustituida por un préstamo del gobierno venezolano de Chávez al 15% anual.
  2. El primer gobierno de Cristina Kirchner, comenzó a incrementar el peso del estado en la economía, el gasto público se disparó. Uno de los principales rubros, que hoy compone casi la principal carga del déficit, fue el otorgamiento de jubilaciones de manera indiscriminada a no aportantes al sistema.
  3. En el segundo gobierno, la crisis comenzó a hacer impacto y no había recursos genuinos para hacer frente al altísimo gasto público.
  4. Macri heredó un estado sobredimensionado, endeudado y con alto déficit, y no quiso o no pudo achicarlo. Recurrió al endeudamiento para financiarlo, que no hizo sino incrementar el pasivo heredado de Cristina.
  5. El ritmo de endeudamiento y de emisión de Alberto (por lo expresado y por la pandemia) fue altísimo, sólo que echando siempre culpas a su antecesor. De allí, el acuerdo con el FMI de estos días.

                               La pasión por la mentira política devora el futuro argentino. “La Argentina es la pareja de tango al que el FMI no puede renunciar”, dijo The Washington Post, cómo haciendo ver que nuestro país se ha convertido en un desafío extremo para el organismo. Gastadores seriales y deudores contumaces, “no nos entra bala”.

                               El propio Alberto, con su característico doble mensaje, intentó amortiguar el golpe acuerdista para el cristinismo duro: “el Fondo debería hacer una más profunda autocrítica”.

                               Pero ni ello le sirvió. La “jefa” prefirió salvar la ropa populista y se manifestó en contra del acuerdo. La renuncia de un personaje como Máximo a la jefatura de bloque nada significaría si no fuera el hijo de Cristina.

                               A Alberto le llegó la hora de ponerse los pantalones y buscar los alineamientos que lo salven hasta 2023. Cristina prefiere la fractura, en una típica jugada psicopática, aunque su poder quede reducido a los duros de su sector.

                               ¿Seguirá el presidente durmiendo con el enemigo?

                                               Dr. JORGE EDUARDO SIMONETTI

*Los artículos de esta página son de libre reproducción, a condición de citar su fuente

 

 

 

 

 

Jorge Simonetti

Jorge Simonetti es abogado y escritor correntino. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste. Participó durante muchos años en la actividad política provincial como diputado en 1997 hasta 1999 y senador desde 2005 al 2011.

Se desempeñó como convencional constituyente y en el 2007 fue mpresidente de la Comisión de Redacción de la carta magna. Actualmente es columnista en el diario El Litoral de Corrientes y autor de los libros: Crónicas de la Argentina Confrontativa (2014) ; Justicia y poder en tiempos de cólera (2015); Crítica de la razón idiota (2018).

https://jorgesimonetti.com

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